Viaje a Europa realizado en dic.1996 / enero1997 relatado día por día. Italia, Suiza, Eslovenia, Francia, Vaticano, España.

25.9.04

28-1-97 Firenze

1997 Ene. 28 martes
Había que seguir andando Firenze. Había más ganas que tiempo. Sobraban ganas. Ese día jugamos 2 grandes cartas: la Galería Degli Uffizi y La Academia. Era demasiado para un solo día, pero no quedaba más remedio ya que al siguiente nos teníamos que ir. Nos esperaba Roma.

A las 9,30 de la mañana hacíamos cola, entre un mar de orientales, para visitar Uffizi. Y entramos, y de vuelta el OH! -Junto con El Louvre y El Prado, es la colección de arte más grande de Europa y de Occidente. Hay de todo para ver. Es terrible tutearse frente a frente con el Tondo Doni de Miguel Ángel, con La Anunciación de Leonardo, con los Botticelli, el Tiziano Vechelio, Tintoretto, Rafael Di Urbino, Holbein, Il Perugino, Delacroix, Bruegel, El Berrugete... ahí están todos. No falta nadie. Cuando entrés en Los Uffizi echá los fideos. Afuera no va a quedar nadie.

Es complicado tener adelante esas pinturas. Uno no entiende bien qué está mirando. Valen fortunas. Es lo mejor que se ha hecho nunca. Cada una es un espectáculo. Recuerdo especialmente dos: La Medusa del Caravaggio; y el Autorretrato del Maestro de Urbino. (Y el Jardín de Las Delicias).

Las galerías que dan a los salones están atestadas de esculturas griegas de antes de Cristo. Pudimos ver, entre las miles de obras, los famosos retratos de Federico de Montefeltro y de Battista Sforza, de Piero Della Francesca, “investigados con minuciosa impiedad por el artista”. Y la Batalla de San Romano, de Paolo Uccello, con perspectivas maniáticas. Otra que me volvió loco es La Venus de Urbino, del Tiziano, la que se toca la cosita. Tiene hechizo. Casi casi que es erótica. Disculpe Maestro.

En la Sala de Boticcelli no sabía si mirar los cuadros o el techo. Opté por el techo porque Boticcelli no me gusta. Las vigas de ese techo son también una obra de arte. El Nacimiento de Venus tiene 3 errores incomprensibles en un Boticelli: el cuello es demasiado largo, el brazo izquierdo está mal implantado, y se pisa la concha (el último fue un descubrimiento de Susana ).

Habíamos comprado un catálogo y caminábamos, leíamos y mirábamos. A mitad de la recorrida nos fuimos a tomar un café a la Terraza de las Galerías, dentro mismo del museo. Desde ahí veíamos al lado la torre del Palacio Vecchio y los tejados de Firenze. Las palomas vinieron a pedir algo y las alimentamos. Se colaron los gorriones y nos fuimos.

Regresamos a ver las pinturas y a recorrer las galerías con las tántas estatuas griegas. Fuimos hasta la otra punta y vimos desde arriba el Arno y el Ponte Vecchio. Era un día de sol, al mediodía, sacamos fotos.

Cuatro horas después salimos y enfilamos hacia el Ponte Vecchio, que está ahí nomás, a unos 200 metros, uno de los 10 puentes florentinos sobre el Arno. Es bellísimo, sublime. Tiene 3 arcadas y es el más viejo. Nunca vi un puente igual: arriba hay casas y tiendas de artesanos y orfebres. Es todo del siglo XVI. Pero el Ponte Vecchio es de la época romana: 2000 años. Increíble.

A la tarde fuimos a LA ACADEMIA, otra galería-palacio de arte espectacular. Adentro hay de todo, pero hay algo que la convierte en lugar santo de peregrinación: ahí está EL DAVID. Es la escultura que más me impactó de todas las que vi en Europa. Ahí conservan ese original del Maestro de Los Maestros.

Caminamos unas callecitas, llegamos a una placita y le pregunté a un signore por La Academia: “sempre diritto, en el N 63”. Es tan fácil. Todo esta ahí nomás. A unos 50 metros. Una y otra vez el contraste entre el BsAs/Europa y la cercanía de lo que uno quiere ver.

En La Academia hay de todo: colecciones de pintura de la escuela toscana de los siglos XIII y XIV, los avances en yeso de lo que luego serían las descomunales estatuas de Firenze, obras de Gaddi, de Mónaco, de Lippi, de anónimos, de todo. Pero El David se lleva la palma.

Salgo de una sala y entro a otra. Miro a mi izquierda y veo una pared: no había nada. Giro la vista a derecha y allá a lo lejos, a unos 50 metros lo vi al monstruo, totalmente iluminado por los reflectores de Dios. Tiene 4 metros de altura, que con el pedestal pasa largo los 5. No nos animábamos a llegar hasta ahí. Fuimos despacito.

Primero nos dedicamos a admirar LOS 4 ESCLAVOS. Son 6: dos están en El Louvre y cuatro en La Academia. Vimos cada esclavo con minuciosidad. Más que esclavos son hombres que tratan de salir de la piedra/naturaleza/tierra y buscan subir/elevarse/desprenderse de algo. Son esculturas terminadas, a medio bloque de mármol. Parecen inconclusas pero no. Eran para la tumba del Papa Julio II della Rovere, el muy idiota. Cada esclavo es un mundo aparte: el joven, el que se despierta, el llamado Atlante, y el barbudo. Luego viene El Mateo, que estaba tapado y en refacción, en cuidado. Y ya casi llegando al David, la desproporcionada PIEDAD DE PALESTRINA, del Gran Maestro.

Y llegamos al DAVID. Se puede viajar a Firenze, ver El David de Miguel Ángel, y volver. Estará el gasto bien hecho. Dicen que es más bello que cualquier hombre, y lo es. No es un fisicoculturista ni hace fierros, es sencillamente perfecto. Cada músculo, la parada, la altura, la elegancia, las venas, la tersura de la piel, las bolas, todo todo es directamente perfecto. El culo, la suavidad de la espalda contraponiéndose a la honda que le cae por detrás... perfectos. Las piernas, el lomo, las manos y los pies... perfectos. Nadie va a hacer nunca más algo así. Lo talló entre 1501 y 1504... tenía 26 años !!!

El David es la fortaleza en el cuerpo y la ira en la cara, es al que le dio el golpe de pica y le dijo... “parla !” -Es la obra de arte más grande que pude contemplar, un milímetro por encima del Moisés que vería en Roma tres días después. Y regresamos al hotel y se terminaba Firenze. Quedaban muchas cosas para ver, pero bueno, todo no se puede. Habría que haber estado 3 meses. Fueron 3 días al galope.
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