Viaje a Europa realizado en dic.1996 / enero1997 relatado día por día. Italia, Suiza, Eslovenia, Francia, Vaticano, España.

20.9.04

30-1-97 Roma

1997 Ene. 30 jueves
Había que salir a conquistar ROMA. Y salimos. Volvimos a hacer el mismo recorrido del día anterior, pero a la luz del sol. Íbamos con la certeza de estar cautivados por la ciudad mas vieja del mundo. Y la ciudad cumplió. Directamente nos enloquecimos.

Plaza España, vía Condotti, Fontana di Trevi, Plaza Navona, y luego El Vaticano. Pasamos por la casa donde vivía El Dante. Todo caminando.

Cruzamos el Arno por Il Ponte Vittorio Emanuele. Y por la Vía della Conciliazione entramos a la Plaza de San Pedro. Estábamos en otro país, en EL VATICANO. Empezaba otra locura.

Teníamos enfrente el balcón hacia el que miran todos los cristianos del mundo todos los domingos. Es la sede de la cristiandad. Nada más y nada menos que el Estado del Vaticano. Atravesamos las columnatas de Gianlorenzo Bernini y vimos la grandiosa BASILICA DE SAN PEDRO, allá en lo alto.

La Plaza es descomunal: una elipse de 240 metros de diámetro mayor. Las veces que la había visto desde chiquito por TV, repleta, cuando anunciaban el “Habemus Papam”. Las veces que había visto en libros y almanaques ese ático abalaustrado con las 13 estatuas que miran y juzgan al mundo desde allá arriba. Las veces que había soñado con ver la cúpula de San Pedro, esa mágica invención del Maestro Buonarotti.

Estuve en San Pedro y no sólo contemplé la Basílica y su Cúpula y las estatuas: pude subir hasta los techos, como los gatos, y sacarme una foto frente a la estatua que está a la izquierda visto desde la plaza, la segunda, la de Mateo. Y pude subir al interior de la Cúpula y verla sin anteojos: es la mayor que hay en el mundo, es brutal. Me quedé pasmado hermano, sin palabras.

Todo lo que vimos ese día en EL VATICANO es inenarrable. Todo es grandioso. Uno se siente un piojo andando por ahí. No es comparable a Madrid ni a París ni a Roma ni a nada. No es una ciudad civil. Es religiosa y militar, y es majestuosa. Ahí habían estado los jardines de Nerón y un circo romano. Era el Ager Vaticanus. Ahí había muerto San Pedro, en cruz invertida, en el lugar donde está la Basílica.

En el medio de La Plaza se levanta LA AGUJA, un obelisco que procede de Heliópolis, que fue llevado a Roma en tiempos del Emperador Calígula y que Nerón colocó en su circo. Más: fue relicario de las cenizas de Julio Cesar. Más: hoy custodia un fragmento de La Santa Cruz. Eso como para empezar. Era el desayuno. Lo miramos, tratamos de leer las inscripciones de sus lados, sacamos fotos, y nos quedamos consternados frente a tanta historia ahí delante nuestro, solos, en medio de la Plaza de San Pedro, con mucho frío.

A los costados del obelisco hay dos fuentes de agua del siglo XVII, muy lindas. Fotos. Rodeando la gigantesca Plaza el canónico cornisamento con las 143 colosales estatuas de santos, así como las insignias del pontífice mecenas Alejandro VII. Y entramos en La Basílica, la más grande del mundo: la nave tiene 186 metros de largo. Son dos cuadras ! -Segunda es la San Pablo de Londres, y tercera Santa María in Fiore, La Catedral de Firenze. Cuarta Notre Dame de París. Y quinta San Patricio de New York. Habíamos conocido 3 de ellas.

San Pedro tiene 44 altares, 500 columnas, 11 cúpulas, y 440 estatuas. Es imponente. Dos pasos para adelante y uno para atrás, y el OH! ... OH! ... (releer esos números). El altar mayor está en el exacto lugar donde fue el martirio de Pedro. Debajo está su tumba. Arriba el inconcebible BALDAQUIN de bronce (29 metros de alto) de la “máquina de maravillas”: el GIANLORENZO BERNINI. Tenía 26 años cuando talló el baldaquín.

Acá tampoco se sabe para dónde mirar ni por dónde andar. Para dónde uno dirija la vista son locuras, en mármol, en bronce, en madera, en tela... todo es re-loco. En columnas, capillas, techos y pisos. Acá también trabajaron todos los más grandes artistas de Europa y del mundo.

Bajamos a la cripta. Vimos LAS TUMBAS DE LOS PAPAS. Hay muchos. Son en general sobrias, sobre todo las de los últimos, y refinadas. Las fastuosas están en otra iglesia, en La Catedral de Roma. Son recovas bajas con techos bajos. Pude encontrar la de Pío XII, de cuando yo nacía. La de Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo II. Les saqué fotos a todas. Se adivina dónde va a ir a parar el actual: en la recova que sigue a la de Juan Pablo II. El lugar impresiona. Yo creía que no se podía entrar. En Europa está todo a la vista, y todo cerca.

Me olvidé de algo. Al entrar a San Pedro, a derecha, está LA PIEDAD, esa obra que El Maestro le dedicó a las madres del mundo, a sus 25 años de edad. Ahora ya no se la puede ver de cerca ni tocar. Está protegida por un vidrio a prueba de balas después que un enfermo la estropeó hace pocos años. Es del año 1500. (“El Maestro” debe ser puesto siempre con mayúsculas).

Las capillas laterales de SAN PEDRO son cada una otra iglesia en sí misma. La de San Sebastián, la del Santísimo Sacramento, la Gregoriana, la de La Columna con las tumbas de los Papas León, la Clementina con los despojos de San Gregorio Magno, la del Coro, la de La Presentación... son 44. La lista sigue y la vista se palma. Salimos despavoridos de San Pedro. No se soporta fácilmente tanta grandiosidad. Otra vez a buscar aire fresco.

Antes de irnos vimos a la GUARDIA VATICANA con su traje de luces. Detrás de la babucha cada uno es un Rambo: son los que protegen al Pontífice, el Rey de Reyes en el actual Occidente. Más grande que los 2 Bill.

Nos fuimos caminando bajo el tibio sol del mediodía. Fuimos al TRASTEVERE, el barrio más viejo y bohemio de Roma. Eso era una belleza. Es como La Boca, salvando las distancias. Son callejuelas estrechas que dan vueltas, y placitas y fuentes de agua muy antiguas en las paredes. Se abren patios laterales sobre las calles con ropa tendida y balcones bonitos. Es un rincón de la vieja Roma, bastante extendido y muy cautivador. En un pequeño ensanche de una empedrada calle había unos 10 viejos jugando naipes y tomando cerveza, al lado de una pared 100 veces más vieja que ellos y pintada con el clásico color siena: si los hubiera visto Van Gogh los pinta. Estoy seguro.

Almorzamos en EL TRASTEVERE, en la Vía crescenzio N 63, paralela al Tiber. Yo unos spaghetti a la bongole que jamás olvidaré, y Susana un plato que también hizo sus delicias. Todo 37.000 liras, unos US 25. Un restaurant muy lindo, perdido en las calles del Trastevere. Había que bajarse del Vaticano. No sé si lo conseguimos. Creo que no.

Eran como las 15 hs. y apuramos la marcha hacia Plaza Venecia, caminando la encantadora Roma. Cruzamos el Tiber por el Ponte Garibaldi. Vimos el monumento a Víctor Manuel II con el Altar de La Patria, que tiene grabadas en la piedra las fatídicas palabras del boletín de guerra del 4/11/1918. Ya no dábamos más y nos tomamos dos buses hasta la Plaza de La República, cerca del hotel.
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