Acerca de mí

- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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Viaje a Europa realizado en dic.1996 / enero1997 relatado día por día. Italia, Suiza, Eslovenia, Francia, Vaticano, España.
27.9.04
13-1-97 Galicia - Ourense
1997 Ene.13 lunes
De Ponferrada a GALICIA, la tierra de mis abuelos paternos. Luego de un túnel en el camino un cartel nos anunciaba la entrada en Galicia. Ahí otra vez se me vinieron las lágrimas. Me agarró desprevenido. Sabía que estabamos a punto de entrar en La Tierra, pero no me di cuenta. El cartel me agarró desprevenido. Fue un sacudón. Acababa de entrar en GALICIA.
Esa Galicia es muy hermosa. Es bella. Yo saltaba en una pata. Al fin pisaba miña terra !!! Fuimos a casa de mi primo Manolo Vázquez en ORENSE, y lo conocí a Antonio, el hijo de Bautista. A la tarde fuimos a conocer Orense. En la Catedral pudimos ver El Santo Cristo, al que le crece el pelo, dicen. Y el puente romano... El Viejo Puente.
La gallega me habló muchas veces de Bautista. Era uno de sus hermanos. El preferido por ella. Cada vez que hablaba de Bautista se le llenaban los ojos de lágrimas. En el año 80, el de su partida, y ya de 90 años, me hablaba de Bautista y aflojaba. Yo no sabía qué hacer para contenerla. Pero además me preguntaba qué le pasaba con ese hermano al cual no veía desde hacía más de 60 años.
En España conocí a los dos hijos de Bautista: Mercedes en Irún y Antonio en Orense. Mi hijo Pablo Matías Vidal, casi se llama Bautista. Era una de las posibilidades de su nombre.“Tres cosas hay en Orense que no las hay en España... el Viejo Puente, el Santo Cristo, y Las Burgas hirviendo el agua”. Vimos las tres. Y muchas cosas más.
Mi abuela me hablaba de LAS BURGAS cuando yo era chico. Ella a su vez había estado allí; la habían llevado sus padres. Caminando por las antiguas callecitas de Orense, 100 años después uno de sus nietos llegaba a Las Burgas. Fui a buscarlas simplemente porque ella me había hablado de eso. Es una fuente de agua termal que sale a exactos 74 grados desde hace más de 2000 años. Nadie sabe de dónde viene el agua. Suponen que de un volcán.
Hay unas cuántas placas de mármol romanas expuestas, encontradas ahí mismo, que hablan de lo curativo de esas aguas. Nunca dejó de brotar. Es algo así como una plaza, con surtidores de piedra y desniveles, al toque del centro histórico de Orense, a unos 200 metros de empedrada calle. La gente se acerca con bidones y se la lleva. Otros se lavan las manos y la cara. Yo me saqué el pullover y casi que me bañé. Y tomé de esa agua de tantos siglos. Me acordé de la gallega y alguna lágrima se fue con el agua.
Una jovencita drogadicta y de últimas me pidió una moneda. Se la di porque Elvira nunca le negaba una moneda a nadie. Eso siempre me lo acuerdo. ¿Puede ser tan fuerte la huella que esa gallega dejó en su nieto ? -Compartí pieza con ella 20 años en la casa de Wilde. Ella se murió en 1980 a los 90 años, y yo ahora tengo 49. Me leía mis libros cuando yo no sabía leer, y le leí sus libros cuando ella no podía leer. Leyéndole sus libros aprendí la Historia Sagrada. Esa Historia que no había aprendido con los Salesianos de mis 6 a mis 12, y que tan bien me vino en Europa. La gallega me paraba en el Nuevo Testamento y me decía... “A ver... qué dice ahí ?...” ... y yo paraba y leía de vuelta, distraídamente. Ella se quedaba un rato pensando y luego seguíamos la lectura. Yo era su Lazarillo.
Estaba fascinado en Las Burgas. No era lo mismo que el Palacio Ducale de Venecia, ni los Castillos ni los Duomos ni ninguna de las tantas cosas impresionantes que vi. Las Burgas y la vieja Aldea de Casardomato eran cosas muy mías.
La primera que me habló del Moisés del Buonarotti fue la gallega. Me lo encontré 10 años después en los libros de Freud. Y otros 20 después en San Pietro In Víncoli.
De Ponferrada a GALICIA, la tierra de mis abuelos paternos. Luego de un túnel en el camino un cartel nos anunciaba la entrada en Galicia. Ahí otra vez se me vinieron las lágrimas. Me agarró desprevenido. Sabía que estabamos a punto de entrar en La Tierra, pero no me di cuenta. El cartel me agarró desprevenido. Fue un sacudón. Acababa de entrar en GALICIA.
Esa Galicia es muy hermosa. Es bella. Yo saltaba en una pata. Al fin pisaba miña terra !!! Fuimos a casa de mi primo Manolo Vázquez en ORENSE, y lo conocí a Antonio, el hijo de Bautista. A la tarde fuimos a conocer Orense. En la Catedral pudimos ver El Santo Cristo, al que le crece el pelo, dicen. Y el puente romano... El Viejo Puente.
La gallega me habló muchas veces de Bautista. Era uno de sus hermanos. El preferido por ella. Cada vez que hablaba de Bautista se le llenaban los ojos de lágrimas. En el año 80, el de su partida, y ya de 90 años, me hablaba de Bautista y aflojaba. Yo no sabía qué hacer para contenerla. Pero además me preguntaba qué le pasaba con ese hermano al cual no veía desde hacía más de 60 años.
En España conocí a los dos hijos de Bautista: Mercedes en Irún y Antonio en Orense. Mi hijo Pablo Matías Vidal, casi se llama Bautista. Era una de las posibilidades de su nombre.“Tres cosas hay en Orense que no las hay en España... el Viejo Puente, el Santo Cristo, y Las Burgas hirviendo el agua”. Vimos las tres. Y muchas cosas más.
Mi abuela me hablaba de LAS BURGAS cuando yo era chico. Ella a su vez había estado allí; la habían llevado sus padres. Caminando por las antiguas callecitas de Orense, 100 años después uno de sus nietos llegaba a Las Burgas. Fui a buscarlas simplemente porque ella me había hablado de eso. Es una fuente de agua termal que sale a exactos 74 grados desde hace más de 2000 años. Nadie sabe de dónde viene el agua. Suponen que de un volcán.
Hay unas cuántas placas de mármol romanas expuestas, encontradas ahí mismo, que hablan de lo curativo de esas aguas. Nunca dejó de brotar. Es algo así como una plaza, con surtidores de piedra y desniveles, al toque del centro histórico de Orense, a unos 200 metros de empedrada calle. La gente se acerca con bidones y se la lleva. Otros se lavan las manos y la cara. Yo me saqué el pullover y casi que me bañé. Y tomé de esa agua de tantos siglos. Me acordé de la gallega y alguna lágrima se fue con el agua.
Una jovencita drogadicta y de últimas me pidió una moneda. Se la di porque Elvira nunca le negaba una moneda a nadie. Eso siempre me lo acuerdo. ¿Puede ser tan fuerte la huella que esa gallega dejó en su nieto ? -Compartí pieza con ella 20 años en la casa de Wilde. Ella se murió en 1980 a los 90 años, y yo ahora tengo 49. Me leía mis libros cuando yo no sabía leer, y le leí sus libros cuando ella no podía leer. Leyéndole sus libros aprendí la Historia Sagrada. Esa Historia que no había aprendido con los Salesianos de mis 6 a mis 12, y que tan bien me vino en Europa. La gallega me paraba en el Nuevo Testamento y me decía... “A ver... qué dice ahí ?...” ... y yo paraba y leía de vuelta, distraídamente. Ella se quedaba un rato pensando y luego seguíamos la lectura. Yo era su Lazarillo.
Estaba fascinado en Las Burgas. No era lo mismo que el Palacio Ducale de Venecia, ni los Castillos ni los Duomos ni ninguna de las tantas cosas impresionantes que vi. Las Burgas y la vieja Aldea de Casardomato eran cosas muy mías.
La primera que me habló del Moisés del Buonarotti fue la gallega. Me lo encontré 10 años después en los libros de Freud. Y otros 20 después en San Pietro In Víncoli.
