Acerca de mí

- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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Viaje a Europa realizado en dic.1996 / enero1997 relatado día por día. Italia, Suiza, Eslovenia, Francia, Vaticano, España.
27.9.04
15-1-97 Carreira - Santiago de Compostela
1997 Ene.15 miércoles
Nos fuimos de Carreira. Antonio nos regaló un brandy muy añejo. Manejaba yo y sin querer equivoqué el camino de salida y retorné 2 veces más a Carreira, a la casa de María. Era inexplicable el retorno, pero así fue.
Regresamos por Aguiño y Santa Eugenia de Riveira. Ahí hicimos alto, en la misma playa donde pescaba mi abuelo, y pude ver a los gallegos pescando, como hace 100 años, o 1000, que es lo mismo. Me traje unos caracoles, de esos que trae la marea, los de siempre, los mismos que veía José en la ribera de su ría. Era el 15 de enero y para mi era como hace 100 años, cuando mi abuelo tenía 15 y ya salía a la mar, a remo, en las dornas. Levanté de la playa un aro de corcho y unos caracoles que ahora tengo en casa, reliquias.
Palmeira, Pobra Do Caramiñal, Boiro... todas aldeas de pescadores, en la Ría de Arosa. Nos dirigimos a Santiago, desandando la ruta. Miraba el paisaje y no podía dejar de pensar en mi abuelo Vidal, que anduvo por ahí. En la Pobra Do Caramiñal lo anotaron cuando nació, el 20 de agosto de 1883. Tengo entre mis papeles su acta de nacimiento.
Manejaba yo y andaba despacio, tratando de guardar en la retina esos paisajes, esas aldeas de pescadores. Se suceden una tras otra bordeando la ria de Arosa. Todo va entre suaves colinas arboladas. A izquierda las casitas y a derecha la ria. Un lujo esa vista. Se pasan varios puentes hasta llegar a Padrón... el gallego José...
Fue lo que siempre había querido ver: de dónde habían partido mis abuelos. Y lo pude ver... Gracias Elvira y José. La labradora y el pescador. GRACIAS.
SANTIAGO DE COMPOSTELA.
OH! el Obradoiro de la Catedral de Santiago. OH! El Pórtico del Paraíso, del Maestro Mateo. Esos dedos de siglos que gastaron el mármol. Metí las manos hasta la maceta en el pórtico. Las ateas cabezas pegando tres veces. Ahí también había estado Elvira. Me lo había contado.
Visitamos el museo de Santiago y vimos el botafumeiro. Santiago tiene magia y a ella nos entregamos. Almorzamos en un boliche de ahí. Vimos varias iglesias y caminamos la ciudad. Quise quedarme a vivir ahí.
Esa Catedral es imponente. Le palmeamos la espalda al Apóstol, el hijo de Zebedeo, pescador, y nos quedamos un rato mirando la urna que contiene sus restos. Un cura celebraba misa, el mismo que luego me pidió una foto en el obradoiro.
Luego a LALIN y de ahí a SANTISO, la pequeña aldea de la abuela de Susana. Caía la tarde y el espectáculo era para un cuadro de Millet. La hora del Angelus. Vimos a una señora arreando su vaca tirada con soga. Hablamos con otra, esa que nos decía... “Meu primo escribeu y luego morreu y entón no escribeu más”.
Paramos a un gallego que venía con un tractor por el medio del valle: me hablaba más en su idioma que en castellano y yo no le entendía nada. Después Susana saltando las lápidas del cementerio buscando sacarle foto a la de un Taboada / San Martín, seguro que pariente de ella.
Y fuimos hasta la casa de otra gallega que tenía menos de 50 años y unos bigotes como para manejar un Ford T. No, no, GALICIA es increíble. En las aldeas siguen viviendo como hace 100 años, o 1000, qué más da. El que nunca estuvo en una aldea gallega no puede ni en sueños imaginar cómo es. Y esa aldea de Santiso Do Fondo era de almanaque, de película.
Regresamos a Orense, ya de noche.
Nos fuimos de Carreira. Antonio nos regaló un brandy muy añejo. Manejaba yo y sin querer equivoqué el camino de salida y retorné 2 veces más a Carreira, a la casa de María. Era inexplicable el retorno, pero así fue.
Regresamos por Aguiño y Santa Eugenia de Riveira. Ahí hicimos alto, en la misma playa donde pescaba mi abuelo, y pude ver a los gallegos pescando, como hace 100 años, o 1000, que es lo mismo. Me traje unos caracoles, de esos que trae la marea, los de siempre, los mismos que veía José en la ribera de su ría. Era el 15 de enero y para mi era como hace 100 años, cuando mi abuelo tenía 15 y ya salía a la mar, a remo, en las dornas. Levanté de la playa un aro de corcho y unos caracoles que ahora tengo en casa, reliquias.
Palmeira, Pobra Do Caramiñal, Boiro... todas aldeas de pescadores, en la Ría de Arosa. Nos dirigimos a Santiago, desandando la ruta. Miraba el paisaje y no podía dejar de pensar en mi abuelo Vidal, que anduvo por ahí. En la Pobra Do Caramiñal lo anotaron cuando nació, el 20 de agosto de 1883. Tengo entre mis papeles su acta de nacimiento.
Manejaba yo y andaba despacio, tratando de guardar en la retina esos paisajes, esas aldeas de pescadores. Se suceden una tras otra bordeando la ria de Arosa. Todo va entre suaves colinas arboladas. A izquierda las casitas y a derecha la ria. Un lujo esa vista. Se pasan varios puentes hasta llegar a Padrón... el gallego José...
Fue lo que siempre había querido ver: de dónde habían partido mis abuelos. Y lo pude ver... Gracias Elvira y José. La labradora y el pescador. GRACIAS.
SANTIAGO DE COMPOSTELA.
OH! el Obradoiro de la Catedral de Santiago. OH! El Pórtico del Paraíso, del Maestro Mateo. Esos dedos de siglos que gastaron el mármol. Metí las manos hasta la maceta en el pórtico. Las ateas cabezas pegando tres veces. Ahí también había estado Elvira. Me lo había contado.
Visitamos el museo de Santiago y vimos el botafumeiro. Santiago tiene magia y a ella nos entregamos. Almorzamos en un boliche de ahí. Vimos varias iglesias y caminamos la ciudad. Quise quedarme a vivir ahí.
Esa Catedral es imponente. Le palmeamos la espalda al Apóstol, el hijo de Zebedeo, pescador, y nos quedamos un rato mirando la urna que contiene sus restos. Un cura celebraba misa, el mismo que luego me pidió una foto en el obradoiro.
Luego a LALIN y de ahí a SANTISO, la pequeña aldea de la abuela de Susana. Caía la tarde y el espectáculo era para un cuadro de Millet. La hora del Angelus. Vimos a una señora arreando su vaca tirada con soga. Hablamos con otra, esa que nos decía... “Meu primo escribeu y luego morreu y entón no escribeu más”.
Paramos a un gallego que venía con un tractor por el medio del valle: me hablaba más en su idioma que en castellano y yo no le entendía nada. Después Susana saltando las lápidas del cementerio buscando sacarle foto a la de un Taboada / San Martín, seguro que pariente de ella.
Y fuimos hasta la casa de otra gallega que tenía menos de 50 años y unos bigotes como para manejar un Ford T. No, no, GALICIA es increíble. En las aldeas siguen viviendo como hace 100 años, o 1000, qué más da. El que nunca estuvo en una aldea gallega no puede ni en sueños imaginar cómo es. Y esa aldea de Santiso Do Fondo era de almanaque, de película.
Regresamos a Orense, ya de noche.
