Acerca de mí

- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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Viaje a Europa realizado en dic.1996 / enero1997 relatado día por día. Italia, Suiza, Eslovenia, Francia, Vaticano, España.
25.9.04
16-1-97 Ourense - Toledo
1997 Ene.16 jueves
Volvimos a casa de Manolo. Cenamos como los mejores: en familia y con todo casero. Antonio y Esther, Pilar y Manolo, Alia, Constantino, Susana y yo. Ese Antonio no se saca la boina gallega ni para comer. Es un divino. Tiene 85 años y baila la muñeira con la nieta de 6. Manolo nos regaló unos chorizos de campo que finalmente no llegaron a Argentina: quedaron en Italia, bien puestos; más precisamente en Pádova.
De Orense a MADRID. Despedida de Galicia. Nieve en el camino. Los autos andando al paso del caminar, manejaba Susana. Pasamos por Allaríz, Xinxo de Limia, el Castillo de Monterei, Verín, y Gudiño, a metros de Portugal. Ahí termina Galicia, la hermosa Galicia. Muchos pueblos más.
Cruzamos por el centro de Madrid en auto con dirección a Toledo. Ya Madrid me empezó a no gustar. Manejaba Susana y casi la chocan en dos oportunidades.
Y llegamos a TOLEDO. La Toledo de El Greco, la ciudad mas antigua y linda que uno pueda imaginarse. Tratamos de apurarnos todo lo que el sol nos daba, que ya era poco. Nos alojamos en un hotelito de US 35 por día, el Hostal Nuevo Labrador, en Juan Labrador N 10, pegado al Hotel Alcázar. Está en una callecita lateral edad media, a 10 metros de una plaza antiquísima.
Ahí nomás, a unos pocos pasos, el Corral de Don Diego y la Iglesia Magdalena. Estacioné el Opel en una callecita “debajo” del Hotel Alcázar y no lo volví a tocar hasta el día en que nos fuimos. Era una pequeña calle que desembocaba en una placita muy chiquita y sin salida para autos. Había un talabartero que me advirtió que no estacionara donde yo quería hacerlo. Al final lo dejé junto a una casa de piedra, tal como otros autos que vi. Poner el auto ahí era algo raro. Lo estaba dejando en una pequeña calle empedrada al lado de una casa de 5 siglos. Había que andar 20 metros, subir una escalera y andar otros 20 metros. Ahí estaba nuestro hotel. Me parecía retroceder 1000 años. En Argentina no conocemos eso. Somos demasiado jóvenes.
Antes de conseguir alojamiento le pregunté a un comerciante por una pensión que estaba en el folleto de turismo, y me mandó. Me advirtió que eso era una “dédalo”. Tuve que subir y bajar escaleras por callejuelas increíbles, de 2 metros de ancho, bordeadas por casas muy antiguas, que doblaban a izq. o a der. cada 30 metros. El cielo allá arriba, dibujado contra los altos aleros de teja. Al final llegué y me atendió una señora. Entré a la pensión y el precio era uno pero por cada ducha cobraban más. No me gustó y me fui. Susana me esperaba con el auto en la Plaza del Ayuntamiento.
Otra vez la locura y el enamorarse. Es impresionante, de no creer. La ciudad está abrazada por el Tajo y es un laberinto de calles y de callecitas y de senderos y de obras de arte cada 20 o 30 metros. Es muy chiquita. En TOLEDO uno se siente El Greco o El Berruguete caminando por sus callecitas de piedra. Quedó todo tal como estaba hace unos 10 siglos. Otro lugar para estacionarse uno, para vivir. De hecho ahí vive gente, gente como uno, y son miles.
Entramos a LA CATEDRAL. Eso fue terrible. Es del siglo XI y tardaron 250 años para terminarla. Yo no podía creer lo que estaba viendo. La Catedral de Toledo me arrebató. La nave central tiene 120 metros de largo. Dobles naves laterales, crucero embebido y girola. Fue entrar y dar dos pasos adelante y uno para atrás. Te atropella, te empuja para afuera. La Catedral de Toledo: algo loco, inentendible. Capillas, joyas, pinturas, órganos, retablos, códices, esculturas, sillerías... todo hecho a lo monstruo. OH !
Estuve 15 minutos abrazado a la reja plateresca del Maestro Francisco de Villalpando. Acariciaba esos fierros. No podía entender cómo alguien pudo hacer algo así a mano, cuando no había luz ni torno. Tuve que volver a entrar dos veces porque no lo podía creer. Y los trabajos desbordantes y frenéticos del Berrugette !, la sillería del Maestro Céspedes !, el retablo de Copín!... uno no sabe ya ni para dónde mirar. Ese Copín de Holanda... ese estaba reloco.
Me preguntaba a qué tanta explosión de desenfreno artístico; cómo se puede tardar 250 años en construir y amoblar tamaña mole... desde estos años infieles temporales y paganos en los que vivimos no hay respuesta a la pregunta.
Volvimos al hotel ya de noche. Entre Madrid y Toledo, no hay dudas: Toledo ! -No vayas a Madrid. Andá a Toledo.
Volvimos a casa de Manolo. Cenamos como los mejores: en familia y con todo casero. Antonio y Esther, Pilar y Manolo, Alia, Constantino, Susana y yo. Ese Antonio no se saca la boina gallega ni para comer. Es un divino. Tiene 85 años y baila la muñeira con la nieta de 6. Manolo nos regaló unos chorizos de campo que finalmente no llegaron a Argentina: quedaron en Italia, bien puestos; más precisamente en Pádova.
De Orense a MADRID. Despedida de Galicia. Nieve en el camino. Los autos andando al paso del caminar, manejaba Susana. Pasamos por Allaríz, Xinxo de Limia, el Castillo de Monterei, Verín, y Gudiño, a metros de Portugal. Ahí termina Galicia, la hermosa Galicia. Muchos pueblos más.
Cruzamos por el centro de Madrid en auto con dirección a Toledo. Ya Madrid me empezó a no gustar. Manejaba Susana y casi la chocan en dos oportunidades.
Y llegamos a TOLEDO. La Toledo de El Greco, la ciudad mas antigua y linda que uno pueda imaginarse. Tratamos de apurarnos todo lo que el sol nos daba, que ya era poco. Nos alojamos en un hotelito de US 35 por día, el Hostal Nuevo Labrador, en Juan Labrador N 10, pegado al Hotel Alcázar. Está en una callecita lateral edad media, a 10 metros de una plaza antiquísima.
Ahí nomás, a unos pocos pasos, el Corral de Don Diego y la Iglesia Magdalena. Estacioné el Opel en una callecita “debajo” del Hotel Alcázar y no lo volví a tocar hasta el día en que nos fuimos. Era una pequeña calle que desembocaba en una placita muy chiquita y sin salida para autos. Había un talabartero que me advirtió que no estacionara donde yo quería hacerlo. Al final lo dejé junto a una casa de piedra, tal como otros autos que vi. Poner el auto ahí era algo raro. Lo estaba dejando en una pequeña calle empedrada al lado de una casa de 5 siglos. Había que andar 20 metros, subir una escalera y andar otros 20 metros. Ahí estaba nuestro hotel. Me parecía retroceder 1000 años. En Argentina no conocemos eso. Somos demasiado jóvenes.
Antes de conseguir alojamiento le pregunté a un comerciante por una pensión que estaba en el folleto de turismo, y me mandó. Me advirtió que eso era una “dédalo”. Tuve que subir y bajar escaleras por callejuelas increíbles, de 2 metros de ancho, bordeadas por casas muy antiguas, que doblaban a izq. o a der. cada 30 metros. El cielo allá arriba, dibujado contra los altos aleros de teja. Al final llegué y me atendió una señora. Entré a la pensión y el precio era uno pero por cada ducha cobraban más. No me gustó y me fui. Susana me esperaba con el auto en la Plaza del Ayuntamiento.
Otra vez la locura y el enamorarse. Es impresionante, de no creer. La ciudad está abrazada por el Tajo y es un laberinto de calles y de callecitas y de senderos y de obras de arte cada 20 o 30 metros. Es muy chiquita. En TOLEDO uno se siente El Greco o El Berruguete caminando por sus callecitas de piedra. Quedó todo tal como estaba hace unos 10 siglos. Otro lugar para estacionarse uno, para vivir. De hecho ahí vive gente, gente como uno, y son miles.
Entramos a LA CATEDRAL. Eso fue terrible. Es del siglo XI y tardaron 250 años para terminarla. Yo no podía creer lo que estaba viendo. La Catedral de Toledo me arrebató. La nave central tiene 120 metros de largo. Dobles naves laterales, crucero embebido y girola. Fue entrar y dar dos pasos adelante y uno para atrás. Te atropella, te empuja para afuera. La Catedral de Toledo: algo loco, inentendible. Capillas, joyas, pinturas, órganos, retablos, códices, esculturas, sillerías... todo hecho a lo monstruo. OH !
Estuve 15 minutos abrazado a la reja plateresca del Maestro Francisco de Villalpando. Acariciaba esos fierros. No podía entender cómo alguien pudo hacer algo así a mano, cuando no había luz ni torno. Tuve que volver a entrar dos veces porque no lo podía creer. Y los trabajos desbordantes y frenéticos del Berrugette !, la sillería del Maestro Céspedes !, el retablo de Copín!... uno no sabe ya ni para dónde mirar. Ese Copín de Holanda... ese estaba reloco.
Me preguntaba a qué tanta explosión de desenfreno artístico; cómo se puede tardar 250 años en construir y amoblar tamaña mole... desde estos años infieles temporales y paganos en los que vivimos no hay respuesta a la pregunta.
Volvimos al hotel ya de noche. Entre Madrid y Toledo, no hay dudas: Toledo ! -No vayas a Madrid. Andá a Toledo.
