Acerca de mí

- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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Viaje a Europa realizado en dic.1996 / enero1997 relatado día por día. Italia, Suiza, Eslovenia, Francia, Vaticano, España.
25.9.04
17-1-97 Toledo
1997 Ene.17 viernes
TOLEDO. Había soñado toda la noche con los rejeros toledanos del siglo XV. Nos habíamos tomado enterito el brandi de Antonio.
Hubo que volver a La Catedral. Se me venía encima. Te pasa por arriba, te aplasta. La caminábamos por alrededor observando las puertas y nos entretuvimos con la Puerta de Los Leones (por fuera y por dentro). Volvimos a entrar y fuimos a ver el “transparente”... está tallado hasta donde da la vista y hasta donde no da también. Allá arriba y a lo lejos. Si quieren más luz ahí la tienen ! -OH!
Detrás del Altar Mayor recuerdo haber visto mármoles labrados como quien trabaja cera derretida. Me entretuve en una capilla lateral: OH !
Tuvimos que irnos. Venía una cita inaplazable. Fuimos a ver “EL ENTIERRO DEL CONDE DE ORGAZ” en la iglesia de Santo Tomé. Para ver eso habíamos llegado hasta ahí. Media hora con la boca abierta y sin palabras. Otro artista loco, otro enajenado de la pintura y la sensibilidad.
Estabamos sentados solos frente al cuadro, en el mismo lugar donde Einstein le había dicho a Ortega Y Gasset que era la obra maestra más representativa del genio humano. Yo me había quedado suspendido observando el Juan Evangelista, tan alargado, y Susana con el velo blanco del personaje grandote que está de espaldas.
Esa obra es un sueño... o un delirio. Está abierta a infinitas interpretaciones. Las manos que pinta El Greco son de excepcional belleza y sutilidad. Hay que verlas. Cuentan que trabajaba siempre de noche, a la luz de las velas. Decía que la luz estaba dentro suyo y que la de afuera lo perturbaba. Un enloquecido. El lienzo fue pintado en 1586.
Le dedicamos a Toledo todo el día. Nos caminamos todo y entramos a todas las iglesias y a todos los bares. Nos quedamos bobos mirando la infinidad de comercios que venden cuchillos y espadas de acero damasquino, el mejor acero del mundo.
Visitamos la casa de El Greco y vimos la serie de Los Apóstoles. Ese San Pedro llorando te saca los pelos. No comprendo cómo un pintor puede darle ese brillo a la mirada, ese brillo luminoso de lágrimas brotando. Tuve ese cuadro delante de mi vista. Me conmocionó.
Aun así hemos visto muy poco. Un día y medio en Toledo es nada. Hay que quedarse una semana, y con los alrededores, dos.
TOLEDO. Había soñado toda la noche con los rejeros toledanos del siglo XV. Nos habíamos tomado enterito el brandi de Antonio.
Hubo que volver a La Catedral. Se me venía encima. Te pasa por arriba, te aplasta. La caminábamos por alrededor observando las puertas y nos entretuvimos con la Puerta de Los Leones (por fuera y por dentro). Volvimos a entrar y fuimos a ver el “transparente”... está tallado hasta donde da la vista y hasta donde no da también. Allá arriba y a lo lejos. Si quieren más luz ahí la tienen ! -OH!
Detrás del Altar Mayor recuerdo haber visto mármoles labrados como quien trabaja cera derretida. Me entretuve en una capilla lateral: OH !
Tuvimos que irnos. Venía una cita inaplazable. Fuimos a ver “EL ENTIERRO DEL CONDE DE ORGAZ” en la iglesia de Santo Tomé. Para ver eso habíamos llegado hasta ahí. Media hora con la boca abierta y sin palabras. Otro artista loco, otro enajenado de la pintura y la sensibilidad.
Estabamos sentados solos frente al cuadro, en el mismo lugar donde Einstein le había dicho a Ortega Y Gasset que era la obra maestra más representativa del genio humano. Yo me había quedado suspendido observando el Juan Evangelista, tan alargado, y Susana con el velo blanco del personaje grandote que está de espaldas.
Esa obra es un sueño... o un delirio. Está abierta a infinitas interpretaciones. Las manos que pinta El Greco son de excepcional belleza y sutilidad. Hay que verlas. Cuentan que trabajaba siempre de noche, a la luz de las velas. Decía que la luz estaba dentro suyo y que la de afuera lo perturbaba. Un enloquecido. El lienzo fue pintado en 1586.
Le dedicamos a Toledo todo el día. Nos caminamos todo y entramos a todas las iglesias y a todos los bares. Nos quedamos bobos mirando la infinidad de comercios que venden cuchillos y espadas de acero damasquino, el mejor acero del mundo.
Visitamos la casa de El Greco y vimos la serie de Los Apóstoles. Ese San Pedro llorando te saca los pelos. No comprendo cómo un pintor puede darle ese brillo a la mirada, ese brillo luminoso de lágrimas brotando. Tuve ese cuadro delante de mi vista. Me conmocionó.
Aun así hemos visto muy poco. Un día y medio en Toledo es nada. Hay que quedarse una semana, y con los alrededores, dos.
