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- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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Viaje a Europa realizado en dic.1996 / enero1997 relatado día por día. Italia, Suiza, Eslovenia, Francia, Vaticano, España.
25.9.04
24-1-97 Verona
1997 Ene.24 viernes
VERONA. Ese día nos fuimos a la romántica Verona de Romeo y Julietta. Solos y en il treno. Una ciudad que tiene gracia, belleza y armonía. Es también muy antigua, de la época romana, entre colinas. Otro festival de piazzas, museos, chiezzas, palacios y edificios monumentales. Es la ciudad de los enamorados.
Pasamos debajo de los portones para entrar a la famosa PIAZZA BRA y nos dedicamos a caminar “El Listone” y a tomar un café en la vereda, justo debajo de la última sombrilla, delante de la descomunal “ARENA” de Verona, un coliseo romano perfectamente conservado y utilizable. Entramos a La Arena y la caminamos bordeándola por arriba. Las tribunas son grandes bloques de piedra que están ahí desde hace 20 siglos. Imposible imaginar cómo lo construyeron. Es raro estar en La Arena. Nos sacamos fotos en el mismo lugar donde se ubicaban los Emperadores, solo que a nosotros no nos vivaba nadie. Entran 25.000 espectadores. Mas adelante -en el Coliseo de Roma- nos íbamos a volver a encontrar con algo así. También en Verona yo creía escuchar el griterío de la multitud cuando salían los leones.
Llegamos a PIAZZA ERBE, una de las más pintorescas de Italia. Son plazas muy pero muy antiguas, que han conservado el encanto del Renacimiento, que se han conservado. Rodeada de palacios y poblada de estatuas, comerciantes de feria, bares y algarabía, aún hoy se ven las paredes de las casas afrescadas.
Verona fue gobernada por la familia Della Scala desde 1260 a 1387. Colón todavía no había nacido. Esa gente, amos y señores de vidas y haciendas, guerreros, emparentados con unos cuántos pontífices, también se coparon con el arte y mandaron hacer maravillas, como por ejemplo sus propios mausoleos. Fue así que llegamos a las ARCAS SCALIGERAS, un conjunto de monumentos fúnebres que más de uno de La Recoleta quisiera tener. Ahí descansan en guerra y en paz Cansignorio, Mastino II, Cangrande I, y otros pipis. Obras de los mejores maestros de la piedra y el mármol de la Italia del siglo XIV. Virtuosos del tallado, Maestros.
Ese día gastamos las piedras de Verona. Nos recorrimos todo y terminamos para que nos juntaran con cucharita. Es muy común ver en las calles una entrada abovedada, un pasadizo, y un patio interior que se abre y que ofrece maravillas: fuentes de agua, estatuas romanas, recovas afrescadas, placas en la pared, tumbas, palacios, pavimentos medievales... eso ocurre en casi todas las ciudades de la vieja Europa.
Entramos al Patio del Mercado Viejo. Es un patio interno del Palazzo del Comune, de planta cuadrangular, con la maciza estructura románica aligerada por el típico revestimiento veronés bicolor con fajas de piedra y ladrillo. El pórtico de pilares con amplios arcos de la planta baja produce acusados contrastes de claroscuros. La bonita escalera gótica de dos rampas, llamada “de la razón”, fue construida en 1446. Ahí me saqué foto porque yo siempre tengo razón.
Otro patio interno: el del Palacio degli Scaligeri del siglo XIII, con un pozo de agua del Renacimiento y una galería con restos de frescos de Altichiero. Ahí bajamos a un museo que descubre fundamentos romanos justo debajo de ese patio. Eso de caminar sobre pavimento romano no es para uno cosa de todos los días. Para los italianos sí.
Otro patio: el del Capitán, el que tiene la Puerta Bombardiera... ya ni sé cuántas fotos saqué en Verona. Anduvimos por la racional y aristocrática Piazza dei Signori, nos metimos por una callecita y vimos otro pozo de agua con el oxidado andamiaje para levantar los cubos, todo ahí nomás, todo en un radio de 200 metros.
Paramos y nos tomamos un vino que nos había puesto mi hermana en la vianda: un riquísimo “verduso” trevisano y casero. Había que combatir el frío.
Antes habíamos pasado y entrado a la Chiessa de SAN FERMO MAGGIORE, construida en el lugar donde San Fermo y San Rústico hallaron el martirio, en el año 361. El abside de un estilizado gótico y el interior con techo “quilla de barco” nos dejaron atontados. Vimos un púlpito del siglo XIV que es imposible describir. Ahí están enterrados los De La Torre.
Y pasamos y también entramos a SANTA ANASTASIA, a sabiendas que no te podés perder una sola iglesia. Siglo XIII. Almorzamos en las escalinatas así que pudimos ver la fachada en detalle: arco ojival con dos puertas separadas por un pilar de columna entorchada, plena de bajorrelieves. El interior es muy sugestivo. Tres naves con doce altísimas columnas de mármol rojo. El pavimento es del año 1462. Lo hizo un tal Pietro Da Porlezza con taraceas blancas, azules, y rojas. Y las famosas pilas de agua bendita con los irónicos y sutiles “jorobados”. Fastuosamente barroca es la Capilla del Rosario, en la nave izquierda.
Fuimos al DUOMO, la Catedral de Verona, SANTA MARÍA MATRICOLARE, con los dos leones en la base, esculpidos por Nicoló. Me saqué una foto jocosa como para “aguantar” tánta cosa sagrada. Hice como que uno de los leones me comía la mano. En el pórtico el Maestro talló figuras de profetas y de animales raros -borgeanos-, héroes legendarios, figuras bíblicas, ... se talló todo. Adentro otra locura. Ahí nomás, a la izquierda, la capilla Nichesola, con “La Asunción” del Tizziano Vechelio. Adentrándose, la imaginación no encuentra su punto de basta. La tumba de Santa Agueda, los mármoles, los pisos sembrados de lápidas gastadas por millones de zapatos donde ya ni se aprecian las fechas... la locura de los renacentistas...
Bordeando el Río Adige y ya cayendo la tarde apuramos el paso. Queríamos ver la Chiessa de SAN ZENO. El cansancio ya era insoportable pero queríamos verlo todo, aunque no se pudiera. Casi llegando a Castelvecchio nos topamos con los ensayos del carnaval. Vimos pasar muchas comparsas, coloridas y musicales cada una y todas. La gente se arremolinaba para verlas. Una nota de colores y de vida que vino a compensar tanto incienso. Las comparsas también iban hacia San Zeno.
Pasamos por Castelvecchio. Es un castillo amurallado que hizo erigir Cangrande II a mediados del siglo XIV. Adentro tiene un importante museo pero no nos daba el tiempo. Pasamos por el Arco de los Gavi, del siglo I, con las piedras del piso surcadas y talladas por los carros de los siglos.
Entramos en San Zeno, rodeados por las mascaritas del carnaval. Mejor dicho, nos quedamos a contemplar brevemente el portón, todo lo que los empujones nos permitieron. Tiene 24 cuarterones de bronce, con escenas testamentarias, y está bastante destruído. Pero está. Es del siglo XII. Y luego entramos y eso era un lío. Caminábamos pidiendo permiso a los disfrazados. Yo no estaba acostumbrado a semejante despelote, pero igual me resultaba pintoresco. Habían entrado a San Zeno para que el cura bendijera el carnaval. La biblia y el calefón.
De SAN ZENO recuerdo solo 5 cosas: 2 gigantescas pilas de agua bendita de granito, de 5 metros de diámetro, de la época en que el bautismo era en serio. El techo de madera polilobulada. La estatua del Santo, muy venerada, de mármol rojo, sonriente. La nave interrumpida por la cripta, partida en dos. Y el claustro de la abadía andando ya de noche... buscando en la penumbra la tumba del Rey Pipino. No la pudimos encontrar... sniff.
Salimos a los piques. Tuvimos que andar más de 20 cuadras hasta llegar al tren. Otra vez los pies ya no se sentían. Y todavía faltaba llegar a Treviso. Paren Europa que me quiero bajar. Verona: una ciudad para vivir. Es bellísima.
VERONA. Ese día nos fuimos a la romántica Verona de Romeo y Julietta. Solos y en il treno. Una ciudad que tiene gracia, belleza y armonía. Es también muy antigua, de la época romana, entre colinas. Otro festival de piazzas, museos, chiezzas, palacios y edificios monumentales. Es la ciudad de los enamorados.
Pasamos debajo de los portones para entrar a la famosa PIAZZA BRA y nos dedicamos a caminar “El Listone” y a tomar un café en la vereda, justo debajo de la última sombrilla, delante de la descomunal “ARENA” de Verona, un coliseo romano perfectamente conservado y utilizable. Entramos a La Arena y la caminamos bordeándola por arriba. Las tribunas son grandes bloques de piedra que están ahí desde hace 20 siglos. Imposible imaginar cómo lo construyeron. Es raro estar en La Arena. Nos sacamos fotos en el mismo lugar donde se ubicaban los Emperadores, solo que a nosotros no nos vivaba nadie. Entran 25.000 espectadores. Mas adelante -en el Coliseo de Roma- nos íbamos a volver a encontrar con algo así. También en Verona yo creía escuchar el griterío de la multitud cuando salían los leones.
Llegamos a PIAZZA ERBE, una de las más pintorescas de Italia. Son plazas muy pero muy antiguas, que han conservado el encanto del Renacimiento, que se han conservado. Rodeada de palacios y poblada de estatuas, comerciantes de feria, bares y algarabía, aún hoy se ven las paredes de las casas afrescadas.
Verona fue gobernada por la familia Della Scala desde 1260 a 1387. Colón todavía no había nacido. Esa gente, amos y señores de vidas y haciendas, guerreros, emparentados con unos cuántos pontífices, también se coparon con el arte y mandaron hacer maravillas, como por ejemplo sus propios mausoleos. Fue así que llegamos a las ARCAS SCALIGERAS, un conjunto de monumentos fúnebres que más de uno de La Recoleta quisiera tener. Ahí descansan en guerra y en paz Cansignorio, Mastino II, Cangrande I, y otros pipis. Obras de los mejores maestros de la piedra y el mármol de la Italia del siglo XIV. Virtuosos del tallado, Maestros.
Ese día gastamos las piedras de Verona. Nos recorrimos todo y terminamos para que nos juntaran con cucharita. Es muy común ver en las calles una entrada abovedada, un pasadizo, y un patio interior que se abre y que ofrece maravillas: fuentes de agua, estatuas romanas, recovas afrescadas, placas en la pared, tumbas, palacios, pavimentos medievales... eso ocurre en casi todas las ciudades de la vieja Europa.
Entramos al Patio del Mercado Viejo. Es un patio interno del Palazzo del Comune, de planta cuadrangular, con la maciza estructura románica aligerada por el típico revestimiento veronés bicolor con fajas de piedra y ladrillo. El pórtico de pilares con amplios arcos de la planta baja produce acusados contrastes de claroscuros. La bonita escalera gótica de dos rampas, llamada “de la razón”, fue construida en 1446. Ahí me saqué foto porque yo siempre tengo razón.
Otro patio interno: el del Palacio degli Scaligeri del siglo XIII, con un pozo de agua del Renacimiento y una galería con restos de frescos de Altichiero. Ahí bajamos a un museo que descubre fundamentos romanos justo debajo de ese patio. Eso de caminar sobre pavimento romano no es para uno cosa de todos los días. Para los italianos sí.
Otro patio: el del Capitán, el que tiene la Puerta Bombardiera... ya ni sé cuántas fotos saqué en Verona. Anduvimos por la racional y aristocrática Piazza dei Signori, nos metimos por una callecita y vimos otro pozo de agua con el oxidado andamiaje para levantar los cubos, todo ahí nomás, todo en un radio de 200 metros.
Paramos y nos tomamos un vino que nos había puesto mi hermana en la vianda: un riquísimo “verduso” trevisano y casero. Había que combatir el frío.
Antes habíamos pasado y entrado a la Chiessa de SAN FERMO MAGGIORE, construida en el lugar donde San Fermo y San Rústico hallaron el martirio, en el año 361. El abside de un estilizado gótico y el interior con techo “quilla de barco” nos dejaron atontados. Vimos un púlpito del siglo XIV que es imposible describir. Ahí están enterrados los De La Torre.
Y pasamos y también entramos a SANTA ANASTASIA, a sabiendas que no te podés perder una sola iglesia. Siglo XIII. Almorzamos en las escalinatas así que pudimos ver la fachada en detalle: arco ojival con dos puertas separadas por un pilar de columna entorchada, plena de bajorrelieves. El interior es muy sugestivo. Tres naves con doce altísimas columnas de mármol rojo. El pavimento es del año 1462. Lo hizo un tal Pietro Da Porlezza con taraceas blancas, azules, y rojas. Y las famosas pilas de agua bendita con los irónicos y sutiles “jorobados”. Fastuosamente barroca es la Capilla del Rosario, en la nave izquierda.
Fuimos al DUOMO, la Catedral de Verona, SANTA MARÍA MATRICOLARE, con los dos leones en la base, esculpidos por Nicoló. Me saqué una foto jocosa como para “aguantar” tánta cosa sagrada. Hice como que uno de los leones me comía la mano. En el pórtico el Maestro talló figuras de profetas y de animales raros -borgeanos-, héroes legendarios, figuras bíblicas, ... se talló todo. Adentro otra locura. Ahí nomás, a la izquierda, la capilla Nichesola, con “La Asunción” del Tizziano Vechelio. Adentrándose, la imaginación no encuentra su punto de basta. La tumba de Santa Agueda, los mármoles, los pisos sembrados de lápidas gastadas por millones de zapatos donde ya ni se aprecian las fechas... la locura de los renacentistas...
Bordeando el Río Adige y ya cayendo la tarde apuramos el paso. Queríamos ver la Chiessa de SAN ZENO. El cansancio ya era insoportable pero queríamos verlo todo, aunque no se pudiera. Casi llegando a Castelvecchio nos topamos con los ensayos del carnaval. Vimos pasar muchas comparsas, coloridas y musicales cada una y todas. La gente se arremolinaba para verlas. Una nota de colores y de vida que vino a compensar tanto incienso. Las comparsas también iban hacia San Zeno.
Pasamos por Castelvecchio. Es un castillo amurallado que hizo erigir Cangrande II a mediados del siglo XIV. Adentro tiene un importante museo pero no nos daba el tiempo. Pasamos por el Arco de los Gavi, del siglo I, con las piedras del piso surcadas y talladas por los carros de los siglos.
Entramos en San Zeno, rodeados por las mascaritas del carnaval. Mejor dicho, nos quedamos a contemplar brevemente el portón, todo lo que los empujones nos permitieron. Tiene 24 cuarterones de bronce, con escenas testamentarias, y está bastante destruído. Pero está. Es del siglo XII. Y luego entramos y eso era un lío. Caminábamos pidiendo permiso a los disfrazados. Yo no estaba acostumbrado a semejante despelote, pero igual me resultaba pintoresco. Habían entrado a San Zeno para que el cura bendijera el carnaval. La biblia y el calefón.
De SAN ZENO recuerdo solo 5 cosas: 2 gigantescas pilas de agua bendita de granito, de 5 metros de diámetro, de la época en que el bautismo era en serio. El techo de madera polilobulada. La estatua del Santo, muy venerada, de mármol rojo, sonriente. La nave interrumpida por la cripta, partida en dos. Y el claustro de la abadía andando ya de noche... buscando en la penumbra la tumba del Rey Pipino. No la pudimos encontrar... sniff.
Salimos a los piques. Tuvimos que andar más de 20 cuadras hasta llegar al tren. Otra vez los pies ya no se sentían. Y todavía faltaba llegar a Treviso. Paren Europa que me quiero bajar. Verona: una ciudad para vivir. Es bellísima.
