Viaje a Europa realizado en dic.1996 / enero1997 relatado día por día. Italia, Suiza, Eslovenia, Francia, Vaticano, España.

25.9.04

26-1-97 Firenze

1997 Ene. 26 domingo
Ya el regreso. Nos despedimos de Paese y del Véneto y fuimos en tren a FIRENZE, para quedarnos ahí 3 días. Es la capital del arte de occidente y merece 3 semanas, aunque solo había 3 días.

Pasamos por varios lugares que ya no recuerdo; solo uno: Orvietto, donde están los frescos de Luca Signorelli que impactaron a Freud.

Llegamos a Firenze y salió Susana a buscar alojamiento. Un hotel 1 estrella en Vía Faenza N 7, a 300 metros de la terminal de trenes. Era una calle estrecha, lógicamente empedrada, a 20 metros de una esquina. Pagamos 100.000 liras por día, unos US 70. Pequeña entrada y arriba una losa de mármol... “Acá vivió Bernardo Ceninni, artesano nuestro... etc.” ... fecha de la edad media, como corresponde a Firenze. Yo estaba orgulloso de parar en tan excelso lugar. Luego me desmoralicé, porque en Firenze está plagado de placas donde vivieron todos los más famosos artistas del Renacimiento. Y cuando digo “todos”, es porque son TODOS. Luego me encontré en alguna iglesia esculturas de Cennini.

Salimos urgente a caminar la ciudad. 20 metros y la esquina. En la esquina una muy antigua y chiquita plaza y mirando a izquierda un edificio imponente a otros 20 metros: la BASILICA DE SAN LORENZO, que fue la iglesia de Los Médicis, de ladrillos, donde lo velaron al Buonarotti la noche del 14/7/1564. La placita está en la parte de atrás de la Basílica. Ahí, una entrada con un frontispicio donde se leía “Capellas Mediceas”. Estaba cerrado y seguimos.

Bordeamos la mole de San Lorenzo y entramos. OH !, el mismo OH ! que nos arrancaron las más de 100 iglesias de Italia, Suiza, París y España, las pocas que visitamos. Lo que siempre digo: dos pasos para adelante y uno para atrás. Hay una sola palabra para decir lo que uno recibe cuando entra y ve: ES APABULLANTE. Se siente que la iglesia se te viene encima, te atropella y te aplasta. Es colosal el trabajo en arquitectura, en grandiosidad, en madera, en mármol, en locura y santidad. No hay nada en Argentina que se parezca a eso. Seas o no creyente, y por obvios y distintos motivos, el espectáculo te subyuga y apasiona. Eso en general, en cuanto a entrar y recibir el impacto. Luego, en particular, recorriendo las naves, bajando a la cripta, viendo los techos, las cientos de sepulturas en paredes y pisos, los trabajos en mármol, en madera, en taracea de la que pidas, en pinturas, frescos, piedras preciosas, en la mano de obra de los más grandes artistas del planeta, en lo que no se puede imaginar si no se lo ve... todo todo todo es impactante. Me animaría a decir que el que va a Europa y no entra en las iglesias, no ve nada. Son iglesias pero además son museos gratuitos. En cualquiera de ellas uno se encuentra con originales de todos los pintores y escultores del Renacimiento, y de antes, y del siglo que pidas.

Vuelvo. En San Lorenzo entramos, y vimos los dos púlpitos del Donatello, tallados en bronce cuando no existía la electricidad ni el taladro ni nada. Y vimos ese inolvidable techo dorado. Y la Sacristía Vieja, primer obra de Brunelleschi, del 1400 y pico. San Lorenzo fue levantada en el año 393 (repito: 393) y reconstruida con esquemas románicos en 1060. La actual estructura es de 1423 y es obra de Brunelleschi.

Salimos, seguimos bordeando la Basílica por el Borgo San Lorenzo, y llegamos a otra esquina. Yo miré para la izquierda y casi me desmayo. Ante mi vista: EL DUOMO DE FIRENZE. No hay palabras para explicar lo que vi. Era otra mole de mármol blanco y verde suave que medía como 1000 metros de altura y que se me venía encima. Un monstruo, otra locura. Nos acercamos despacito, con la boca cerrada, tratando de dejar atrás (a 100 metros atrás) San Lorenzo, y “masticar” esa nueva maravilla.

Estábamos abajo, frente a la entrada. Los florentinos iban y venían alegremente, y los cientos de turistas orientales no paraban de sacar fotos y filmar. Frente al Duomo está el Baptisterio. No sabíamos si mirar el Baptisterio o el Duomo. Entre ambos unos 30 metros. Nosotros en el medio. Miramos el BAPTISTERIO... OH !

Ahí estaban las puertas del Maestro Ghiberti, esas talladas en bronce de las que Buonarotti dijo: “Si La Gloria tiene puertas, éstas son Las Puertas de La Gloria”. Nos sacamos fotos frente a LAS PUERTAS DE LA GLORIA, al alcance de la mano. Después miramos a nuestras espaldas y nos animamos a entrar al Duomo. La Catedral de Firenze, SANTA MARÍA DE LA FLOR.

Tardaron pocos 81 años en levantarla, de 1294 a 1375. Los maestros de obra: Il Giotto, Andrea Pisano, Francesco Talenti, ... aprendices... La grandiosa cúpula es obra de Brunelleschi, que la proyectó y construyó entre 1420 y 1434. El interior de la cúpula fue pintado por Giorgio Vasari y Federico Zuccari, en el 1570 y pico: tiene 91 metros de altura y 45 de diámetro. Es una obra maestra de ingeniería. Estar ahí, levantar la cabeza y mirar, es terrible. No se puede entender cómo alguien hizo esa maravilla. Se te queda el cuello duro de mirar esa locura y esa belleza.

El campanile de SANTA MARÍA IN FIORE es obra de Il Giotto. Tiene planta cuadrada, 14 metros de lado y 84 de altura, totalmente decorado, lo mismo que la fachada de la Catedral. La fachada está revestida en mármol blanco de Carrara, verde de Prato, y rosa de Marisma.

Éste es el edificio que se nos venía encima. Y entramos. Es la 4* iglesia del mundo. Tiene 153 metros de largo, 38 de ancho, y 90 en el transepto. (Atención: 153 por 90...!) Es una locura del Renacimiento italiano. Aquí también trabajaron los mejores artistas de los siglos XIV y XV. Los mejores.

Salimos y seguimos caminando Firenze, ya con el K.O. encima. Fuimos a la PIAZZA DEI SIGNORI, una de las plazas más bellas de Italia, a 200 o 300 metros del Duomo. Otra vez la locura y el imposible. Para donde miráramos era impresionante. El Palacio Vecchio; la estatua de Cosme I, obra de Juan De Bologna (1594); la Fuente de Neptuno, de Bartolomeo Ammannati, siglo XVI; los palacios que bordean la plaza; el Pórtico de Los Lansquenetes, de arquitectura gótica tardía, animado por una serie de imponentes esculturas: el Perseo de Benvenuto Cellini, el Rapto de Las Sabinas de Juan de Bologna, y unas 10 más, a cual más espectacular. Todo alrededor de una sola plaza, en Firenze. Ese Perseo nos impactó; solo mirar el pedestal y no la estatua. Con eso basta.

Pero seguíamos mirando, como locos. Y vimos frente al Palacio Vecchio la copia del David, en el lugar donde estaba, antes que el petróleo hiciera lo que hizo. Y te lo querés comer. Ahí estaba, frente a la entrada del Palacio Vecchio, tranquilo y a salvo de la contaminación. Afortunadamente luego pudimos ver el original en la Galería de La Academia. La copia es de piedra, el Buonarotti es de mármol de Carrara. Pero casi que no te das cuenta. Hacía apenas 5 horas que habíamos arribado a Firenze, y ya era mucho más de lo que se puede soportar.

Esa noche la hicimos bien profana: comimos una pizza en “Nutti”, en el Borgo San Lorenzo, al costado de la Basílica, charlando sobre el Buonarotti... no había manera de sacarnos los siglos y la maravilla de encima. Regresamos al hotel, más cansados que una mula.
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