Viaje a Europa realizado en dic.1996 / enero1997 relatado día por día. Italia, Suiza, Eslovenia, Francia, Vaticano, España.

25.9.04

27-1-97 Firenze

1997 Ene. 27 lunes

Arrancamos a caminar Firenze. Teníamos muchas cosas para ver. El impacto del día anterior no estaba ni ahí amortizado. Hicimos los 20 metros hasta la esquina y los otros 20 a la izquierda, y entramos en la Capilla de Los Médicis... OH ! -No hay manera de contar ni de medir eso. Era la capilla privada de los Señores, de los Reyes del Renacimiento en Firenze.

Y estuvimos en la Capilla de los Príncipes. Planta octogonal totalmente revestida en piedras duras y mármoles, bien barroca, y con grandes y majestuosos 6 sarcófagos de los Señores Médicis a los costados. La cúpula era hermosa, los pisos lo mismo. Las paredes igual. Daba pena pisar esos mármoles. Daba gusto ver esas taraceas (incrustaciones) de mármol sobre mármol, de todos los colores y formas imaginables. El espectáculo era brutal. Me arrimé a las paredes a tocar esa sinfonía de mármoles de todos los colores, ese gran esfuerzo de siglos.

Luego a la Sacristía Nueva, obra de Miguel Angel. Pude tener delante de la vista la famosa escultura de Lorenzo, Duque de Urbino, que animaba mis libros de la primaria. Había dos imponentes grupos escultóricos hechos por El Maestro: La Noche y El Día, y El Crepúsculo y La Aurora. Un cuidador nos hablaba entusiasmado de la bizarría de Buonarotti. Bastó preguntarle algo y se largó a discursear, como loco. Al final se iba de espaldas a nosotros y seguía hablando... la bizarría del artista... un cuidador y un enamorado del Maestro.

Buscamos la calle necesitando aire. Pasamos frente al Duomo y seguimos a la Plaza de Los Señores. Queríamos entrar al PALACIO VECCHIO, el edificio en que Cosme I Médicis fue a habitar a los 18 años. En la fachada resaltan los frescos con los 9 duplicados blasones comunales de la ciudad. Está revestido con almohadillado rústico de piedra, que le da un aspecto austero y sugestivo. Tiene un solo balcón medieval desde el cual seguramente Cosme arengaría súbditos y tropa. Estábamos en el siglo XIII. El reloj de la única torre marcaba la hora de finales del siglo XX.

Adentro todo comienza con un pequeño patio que tiene en el medio una fuente. Es el Patio de Michelozzo. Sobre la fuente el Amorcillo Alado, del Verrocchio. Si la palabra “grácil” tiene algún sentido, indudablemente le ha sido dado por esa pequeña talla en bronce del Verrocchio. Alrededor del patio hay recovas ricamente pintadas, con columnas totalmente esculpidas.

Hay que subir varias escaleras principescas hasta llegar al Salón de Los Quinientos. Otra vez dos pasos adelante y uno atrás. Otra vez el OH! -Estábamos dentro de un gigantesco y asimétrico salón, total y absolutamente decorado, bordeado por esculturas. Era y es magnífico, de reyes. Entre las estatuas: El Genio de La Victoria, del Buonarotti. Las pinturas son monumentales. Narran las victorias del Gran Duque, las posesiones del Ducado Mediceo, y las conquistas de Pisa y Siena. El techo... OH! ese techo artesonado... loco, te querés matar cuando ves eso. Si vas a Firenze andá a verlo. Las pinturas de las que hablo son de un tamaño impresionante, a todo espacio.

Había que continuar. Nos asomamos a ver el gabinete de estudio de Francisco I: es para pegar un grito. Pero seguía la sucesión de salones, en loca y muda competencia del mejor arte, el buen gusto y la fastuosidad. La Sala de las Audiencias, los Aposentos de Leonor de Toledo (obra de Vasari), la Sala de los Lirios, la de los Planos... era de nunca acabar. Salíamos de uno y pasábamos a otro, atontados, desconcertados. Algo similar nos volvería a pasar en El Vaticano. Y algo similar ya nos había pasado en el Castello di Miramare de Trieste, y en el Palacio Ducale de Venezia. La memoria es frágil y siempre nos parecía que lo último visto era lo mejor.

Salimos del Palacio Vecchio buscando el hoy y el sol de la hermosa Plaza de Los Señores. Las Capillas Mediceas y el Palacio Vecchio nos habían dejado fuera de combate. Algo comimos por ahí. Después llegaron Susana y Giorgio a Firenze.

A la tarde volvimos a caminar la ciudad rumbo a Santa Croce. Pasamos por la milenaria placita del mercado y le tocamos el morro al jabalí de la fortuna. Como ya habíamos estado en el balcón de Verona, tuvimos la clara percepción de haber quedado protegidos contra todos los infortunios del dinero y el amor.

Cada iglesia, como cada pueblo y cada lugar de Europa, reserva una sorpresa al visitante. Siempre hay algo que te impacta y te arranca el OH ! -La BASÍLICA DE LA SANTA CRUZ, mas conocida por SANTA CROCE, también tiene sorpresa. Y más de una. La plaza que tiene enfrente es un puro y hermoso rincón florentino, con look de muy viejo. La fachada, monumental. Y el interior, fastuoso. Tiene 3 naves jalonadas por ágiles pilares octogonales y arcadas ojivales de doble cornisa. El piso está recubierto de antiguas losas sepulcrales hasta el final de la nave. En las numerosas capillas laterales hay obras de Agnolo Gaddi, Gerini, gente de la escuela del Giotto, Ghiberti, y muchos mas.

En SANTA CROCE, hay que entrar, ver la inmensidad, y girar la vista a derecha. Ahí hay algo. Luego hay que ver lo que sigue, lo que sigue, y lo que sigue. Son 4. Luego hay que volver al primero y ver lo que hay enfrente, en la otra nave. Seguí las indicaciones de mi hermana, entré, y miré a la derecha. Había un monumento fúnebre y me acerqué. Cuando leí quién estaba ahí pegué un grito y salté para atrás. Era la tumba del MICHELANGELO, tallada en fino mármol por Vasari en el siglo XVI. La tumba del escultor y pintor más grande de todos los tiempos, el Gran Maestro, el que a los 26 años talló La Piedad que luego veríamos en El Vaticano, el autor del Moisés y el David. Como no podía estar ahí petrificado 1 hora, me corrí hasta lo que sigue. Otro grito: la tumba del DANTE. Me quedé clavado. No podía ser que Buonarotti y Alighieri fueran compañeros de banco, en la grandiosidad de esa basílica. No me podía acostumbrar a la idea. Y fui a lo que sigue: la de ALFIERI, el poeta dramático más grande de Italia, tallada por Cánova, el mayor escultor de la corte de Bonaparte. Y a lo que sigue: la tumba de MAQUIAVELO. Tenía los despojos de 4 grandes de la humanidad delante mío. Era todo un gigantesco y extraño sueño. Volvimos de una a otra y me acordé que había que cruzar la nave. Estaba atontado. Frente a la tumba de Miguel Ángel descansan los restos de GALILEO GALILEI. Tengo 1,80 mts. de estatura. En Santa Croce me sentí de 20 cmts. -No es para petisos.

Tenía ganas de salir a tomar aire y salimos. No volvimos a entrar a Santa Croce. Era demasiado. Cruzamos la plaza y caminamos un rato. Hacía frío y nos venía bien. Caminando por ahí, a unos 150 metros de la iglesia anterior, un callejón y una placa de mármol: la casa donde vivió Miguel Ángel. La vimos de casualidad. Desde esa casa hasta Santa Croce hay menos de 200 metros. Es una callecita de Firenze que quedó (como casi todas) tal como era en los 1500. Por ese empedrado caminaba el más grande. Por ahí caminamos. Tán petiso soy !

Desandamos las callecitas y buscamos SANTA MARÍA NOVELLA, Basílica del siglo XIII, obra de Jacopo Talenti. Antes habíamos pasado por la casa del Dante. A un costado de la bella plaza que le da marco y vista, una casa con un balcón: desde ese balcón Giuseppe Garibaldi había arengado a los italianos con el famoso... “Roma o morte”. La fachada de la Basílica está ritmada por paneles con incrustaciones de mármol blanco y verde, y delimitada por los blasones de la familia Rucellai. Dos grandes volutas invertidas enlazan las masas laterales con la central, divididas por cuatro pilastras ornamentales y rematadas por un tímpano triangular. Un viejo en la puerta pedía limosna. Adentro hay numerosas obras de los siglos XIV al XVI, de Rossellino, Tino di Camaino, Ghiberti, Vasari, Benedetto da Maiano, Juan de Bolonia, Ghirlandaio... la lista es interminable... el célebre crucifijo de Brunelleschi, los frescos de Paolo Uccello... otra vez la desesperación por querer verlo todo. Imposible.

Finalmente volvimos a pisar las callecitas buscando nada más que el hotel. Así fue ese alucinante 27 de enero en la Firenze de Los Médicis.
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