Acerca de mí

- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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Viaje a Europa realizado en dic.1996 / enero1997 relatado día por día. Italia, Suiza, Eslovenia, Francia, Vaticano, España.
27.9.04
3-1-97 Suiza - Berna
1997 Ene.3 viernes
BERNA. La capital de Suiza, toda nevada. Ruth nos llevó a verla desde un lugar privilegiado. Nos mostraba emocionada su querida Berna. Paseamos por el centro y llegamos al famoso reloj del siglo X, que sigue dando la hora con el mecanismo antiguo.
Fuimos a la Catedral de San Vicente, que es protestante y es monumental. Sus puertas se abrieron a las 14 en punto, para nuestro asombro. Y la plaza de al lado y el río Aare. Y la calle Marktgasse y todas las callecitas que anduvimos.
Y esa merienda en ese elegante barcito frente al reloj, en el primer piso. Y los tranvías de dos vagones, las estatuas de todos colores que ponen en las calles, los balcones con geranios, los comercios tan pero tan paquetes que hay por todos lados. Y el orden y la prolijidad que derrama Berna y toda la Suiza que pudimos ver.
Estuvimos paseando -ahí nomás del centro- por la ribera de un canal de agua transparente, con vereda de pinos y casitas para pájaros en los troncos, que no entra en la vista tercermundista. En el canal había patitos de todos los colores, con las casitas que les hace el cantón para que no estén a la intemperie. Cuidan a los patos mejor que acá a los niños.
Una noche Ruth nos obsequió una cena digna de su mesa y su hospitalidad, digna de reyes. Tuvimos que sacarle fotos a la mesa para que en Argentina nos crean.
Y nos llevó a la escuela donde enseña. OH! ... esa escuela... Cualquier intento de describirla es inútil. Los helvéticos están muy locos. No saben qué hacer con el dinero. Les sobra. Pero no es solo eso. Hay algo más. Indudablemente hay algo más. En Suiza Italia y España.
BERNA. La capital de Suiza, toda nevada. Ruth nos llevó a verla desde un lugar privilegiado. Nos mostraba emocionada su querida Berna. Paseamos por el centro y llegamos al famoso reloj del siglo X, que sigue dando la hora con el mecanismo antiguo.
Fuimos a la Catedral de San Vicente, que es protestante y es monumental. Sus puertas se abrieron a las 14 en punto, para nuestro asombro. Y la plaza de al lado y el río Aare. Y la calle Marktgasse y todas las callecitas que anduvimos.
Y esa merienda en ese elegante barcito frente al reloj, en el primer piso. Y los tranvías de dos vagones, las estatuas de todos colores que ponen en las calles, los balcones con geranios, los comercios tan pero tan paquetes que hay por todos lados. Y el orden y la prolijidad que derrama Berna y toda la Suiza que pudimos ver.
Estuvimos paseando -ahí nomás del centro- por la ribera de un canal de agua transparente, con vereda de pinos y casitas para pájaros en los troncos, que no entra en la vista tercermundista. En el canal había patitos de todos los colores, con las casitas que les hace el cantón para que no estén a la intemperie. Cuidan a los patos mejor que acá a los niños.
Una noche Ruth nos obsequió una cena digna de su mesa y su hospitalidad, digna de reyes. Tuvimos que sacarle fotos a la mesa para que en Argentina nos crean.
Y nos llevó a la escuela donde enseña. OH! ... esa escuela... Cualquier intento de describirla es inútil. Los helvéticos están muy locos. No saben qué hacer con el dinero. Les sobra. Pero no es solo eso. Hay algo más. Indudablemente hay algo más. En Suiza Italia y España.
