Acerca de mí

- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
Links
Archives
Viaje a Europa realizado en dic.1996 / enero1997 relatado día por día. Italia, Suiza, Eslovenia, Francia, Vaticano, España.
27.9.04
Europa - Ciudades visitadas
-43 días-
Lugares vistos y recorridos.
ITALIA: Paese - Susegana - Feltre - Arsié - Castelfranco Véneto - Treviso - Asolo - Possagno - Venezia - Murano - Palmanova - Aquileia - Udine - Trieste - Grado - Citadella - Bassano De Grappa - Padova - Vittorio Véneto - Ceneda - Serravalle - Revinelago - Cisón de Balmareno - Santa María in Follina - Verona - Monséllice - Montagnana - Este - Firenze - ROMA - VATICANO.
YUGOESLAVIA: Tolmino
SUIZA: Brugg - Biel - Lyss - Aarberg - BERNA - Twann - Ligerz - Evilard - Magglingen - Les Pres D Orvin.
FRANCIA: PARIS.
ESPAÑA: San Sebastián - Irún - Hondarribia - Tordesillas - Astorga - Ponferrada - Orense - aldea de Casardomato - Vigo - Pontevedra - Santa Eugenia de Riveira - Aguiño - aldea de Carreira - Palmeira - Pobra do Caramiñal - Santiago de Compostela - Lalín - aldea de Santiso - Toledo - MADRID.
20-12-96 de Ezeiza a Sao Paulo
De Ezeiza a SAO PAULO (Aeropuerto de Guarulhos). Por falla de una aeronave hicimos noche en Sao Paulo, en un hotel de lujo bancado por la Varig. Nunca había estado en los Hilton. Vale la pena conocerlos, una sola vez.
21-12-96 de Sao Paulo a Roma
A la mañana recorrida de contrabando por SAO PAULO. De Sao Paulo a ROMA (Fiumicino), y de Roma a VENECIA (Marcopolo).
Fiumicino es 4 o 5 veces más grande que Ezeiza. Se puede ir a cualquier parte en escaleras mecánicas, cargados con las valijas. Algunas de ellas son horizontales y muy largas. Los lugares para esperar vuelo son alfombrados y a todo confort.
Empezábamos a conocer el “primer mundo”. Roma/Venecia nos lo regaló Varig para resarcirnos por la demora ocasionada. En Fiumicino los carabinieri se pasean con una indispensable y diminuta “uzzi” israelita en las espaldas. Se perdieron dos valijas y fue todo un lío y más demora.
22-12-96 Arribo a Venezia - Susegana
Llegada a VENECIA.
Nos vinieron a buscar mi hermana y su esposo, Giorgio Vendramín. De ahí a PAESE (Treviso). Yo me comía los cristales del auto: primera aproximación a Europa. La carretera era distinta, las viñas acompañaban la marcha y eran muchas. Estaba todo cultivado. Las casas eran distintas; el paisaje era otro.
A la tarde visitamos el castillo del Sr. de Collalto, en SUSEGANA, cerca de Treviso. Fue una llegada golpeadora. Yo nunca había entendido lo de los castillos de Europa. No entendía cómo podía ser que viviera gente en esos lugares. Imaginaba que serían personas inmensamente ricas, algo para muy pocos.
Llegamos a SUSEGANA, subimos a la roca de Collalto, y entramos a un castillo medieval por el puente que cruza el foso. Viven ahí unas 10 familias, como la tuya o como la mía, en distintos sectores, entre gruesas paredes de siglos y de piedra. Al alcance de cualquiera. Para mi fue impactante. Era el primer día en Europa y ya estaba adentro de un castillo. Luego, y gracias a Susana y Giorgio, pudimos ver y entrar a unos 10 más. Y nos cansaríamos de ver ciudades amuralladas, una aquí otra allá.
Ese primer día me desnucó. Todo te maravilla y te impacta. Es muy diferente a nuestra geografía y a nuestras ciudades. Todo está cerca, increíblemente cerca. No es nuestra Pampa, donde entre cada pueblo hay 70 kilómetros. Ahí en 70 kmts. hay 14 pueblos, y parecen estar muy alejados.
Hay un orden y una prolijidad que resultan extraños a la vista y difícil de explicar. Por empezar, todas las casas son de dos plantas, con una base de 4 habitaciones y sin medianeras. Todas con techo de teja y arregladas con atención. Con muchas ventanas. La tierra está cultivada hasta el borde de los caminos. Las rutas circulan bordeando las casas y los árboles. En muchos lugares no hay veredas ni banquina, cosa que acá no se ve.
El tránsito de autos es notoriamente menos agresivo que en Argentina. El paisaje de casas sobre las colinas es tan antiguo por fuera como moderno por dentro. Es una generalizada arquitectura, muy regular, que no se va a quebrar nunca, vayas dónde vayas.
Esto que cuento fue lo primero que me llamó la atención, yendo del Aeropuerto Marcopolo de Venecia a Treviso. Manejaba Giorgio.
Yo estaba asustado. Para mi Giorgio manejaba muy rápido. Como no hay veredas ni ochavas me imaginaba que nos íbamos a estrellar contra algún auto que saliera de una lateral. Los días siguientes me convencieron de que Giorgio maneja prudentemente. Los imprudentes quedaron en mi patria.
Llegar a Italia, ir a SUSEGANA y entrar a un castillo medieval, ya fue demasiado. Los días que venían iban a traer muchos “demasiados”. Demasiados muchos.
23-12-96 Feltre - Arsie
Visitamos FELTRE y ARSIE. En la recorrida pasamos por Sovernigo, Porcellengo, Musano, Fonzaso, Cismón de Grappa, Bassano de Grappa, Asolo, Montebelluna.
Era el segundo día en Europa, en el norte de Italia, en una pequeña región llamada IL VENETO. Ese día salimos de recorrida como si nos llevara el demonio. Queríamos conocer el primer mundo, ansiabamos verlo todo. Habíamos descansado y nos levantamos temprano, en la hermosa casa de Giorgio. Nos llevaban a Feltre.
FELTRE es una ciudad medieval, totalmente rodeada por una colosal mura defensiva. Fue entrar a la edad media. Era increíble. No parábamos de sacar fotos. Pude ver los frentes de las casas afrescados desde hace siglos y caminar las arrevesadas callecitas de piedra.
Llegamos hasta uno de los portales de entrada: la Puerta Oria. Todas las casas, absolutamente todas, están techadas con teja colonial, y en el sitio se respira un aire enigmático, antiguo, raro. Los habitantes de Feltre iban y venían, ajenos a mi argentina sorpresa.
De Feltre en adelante, de Susegana en adelante, todo fue como lo relato: una locura día tras día. Hemos visto cosas maravillosas, cosas que yo nunca en la vida había ni siquiera soñado. Cada uno y todos los 43 días que recorrimos Europa fueron alucinantes.
Para ir de Feltre a Arsié hay que pasar por varios túneles bajo las montañas. Son ciudades de montaña, chicas, muy bonitas, en los valles.
ARSIE es similar, y más chiquito. Es una cosita. Vi surcar el pueblo un muy angosto río de agua helada y transparente, que bajaba de lo alto. También ahí había restos de la mura antigua. Son pequeñas ciudades traspasadas por historia de siglos.
24-12-96 Castelfranco - Treviso
Pasando por Padernello, Istrana, y Vedelago, visitamos la ciudad amurallada de CASTELFRANCO VENETO, de donde era IL GIORGIONE.
En ISTRANA pude ver una base de aviones de guerra de la OTAN. De hecho los veíamos surcar el cielo a diario; bellos pájaros negros mensajeros de la muerte en masa. Semejante tecnología sobrevolando las murallas romanas... En la base de Istrana estaban uno al lado del otro, en fila, negros, esperando la orden... historia, muerte, siglos y tecnología se daban la mano.
En el Duomo de CASTELFRANCO vimos uno de los cuadros de Giorgio Barbarella, detto GIORGIONE (1478-1510): “Madonna e i Santi Francesco e Liberale”. El Maestro está enterrado frente a ese cuadro. Mas adelante nos íbamos a volver a encontrar muchas veces con las palas del Giorgione.
CASTELFRANCO es también ciudad medieval, bien amurallada. La ciudad se desarrolla dentro del perímetro de la mura. Está lleno de casas y negocios muy lindos. Era una bella mañana, fría y soleada. Caminábamos Castelfranco.
La ITALIA del Giorgione y de Giorgio ya nos había atrapado. Es hermosa. Tiene su encanto, se la mire por dónde se la mire, con ojos argentinos. Desconocíamos aún todo lo que nos esperaba. Cada día siempre superó al anterior. Era algo de locos. Aún no habíamos conocido Asolo y ya nos queríamos quedar a vivir en Feltre o Castelfranco.
Luego conocimos TREVISO, la ciudad de Giorgio. Visitamos las palaciegas “villas” y la iglesia de San Nicoló, con trabajos de Tomaso Da Modena, Palma El Joven, y Lorenzo Loto.
Llegaba Ruth y la fuimos a buscar a la estación de Treviso. Ahí pude conocer lo que es una -cualquier- estación de trenes del primer mundo. Todo está limpio y todo funciona. Los baños son inmaculados. En Italia, en Francia, en España, ni que decir en Suiza, y en cualquier pueblo o pueblito, y aún en las grandes terminales (como Constitución o Retiro en Buenos Aires) todo está OK y las cosas caminan. El sistema es estatal, funciona, y todo el mundo lo cuida.
Otra vez la sorpresa y mi no entender nada. Días más tarde, cuando empecé a viajar en los trenes, la sorpresa se multiplicó.
EL VENETO es una “región” del norte de Italia, que abarca varias provincias. La capital es Venezia. Las ciudades principales: Venezia, Verona, Vicenza, Belluno, Padova, Rovigo, Treviso. Son siete: 3 con V corta, 1 con B larga, y con P, R, y T. Al oeste están la Lombardia y el Piamonte, y al este el Friuli.
25-12-96 Asolo - Possagno
Pasando por Sovernigo, Porcellengo, Musano, Falzé, Montebelluna, Caerano San Marco, Casella, llegamos y conocimos ASOLO, ciudad del medioevo conservada tal cual.
Vimos una casa longobarda y la iglesia de Santa Catalina De Alessandría. En ASOLO me quería quedar a vivir. Hay un desvío en la carretera que sube hacia el pueblo. Va serpenteando la montaña; a derecha un paredón de piedra antiguo y pinos, a izquierda el paisaje que va quedando abajo.
Se llega y no se lo puede creer, uno se encuentra de repente en un pueblo de otras épocas, de otros siglos. Parece congelado en la eternidad. Dejamos el auto en la entrada y lo anduvimos despacito, a pie. Caminamos como 30 cuadras, viendo lo mismo que se veía hace 700 años, calcadamente. Pasamos por un palacio donde pernoctó Napoleón la noche de una de sus campañas. Era un lujo caminar Asolo.
Susegana, Feltre, Arsie, Castelfranco, Asolo, etc. son pequeños pueblitos de montaña del norte de Italia, absolutamente fuera de circuito turístico. Todos con su mura y su castillo. Son antiguas ciudadelas de señores feudales, y más antes asentamientos romanos. No hay manera de llegar si alguien no te anoticia y te lleva. Andarlos fue una experiencia sorprendente.
Salimos De Asolo y pasando por Castellcucco llegamos a POSSAGNO. Ahí visitamos el campanile inclinado y el Templo Canoviano, hecho por ANTONIO CANOVAE, el mayor escultor de la corte de Napoleón. Intenté enderezar el campanile pero no respondió a mis esfuerzos. Desde la carretera se alza una larguísima escalinata y allá arriba -perfil contra el cielo- se ve el templo. Hay que subir por esa bella avenida de escalinatas. Se arriba a una inmensa plaza, frente a la iglesia. El edificio se te viene encima. Íbamos con Ruth. Adentro es impresionante. Es redondo, con una cúpula descomunal. Ahí está el mausoleo de Cánova. El mismo Cánova que le talló la tumba a Alfieri, y que luego veríamos en la Santa Croce de Firenze. El mismo del cual íbamos a ver tantas obras en las ciudades y museos de Europa.
No estoy hablando de las grandes ciudades de Europa, ni de las grandes basílicas de las grandes ciudades, ni de las capitales. Hablo de POSSAGNO, de FELTRE, de TREVISO, de ASOLO, de ARSIE, de CASTELFRANCO ... pueblos que no los conoce nadie, que no figuran en los mapas turísticos, que están fuera del souvenir, y que son cientos... solo en EL VENETO, pequeño rincón del norte de Italia.
26-12-96 Venezia y Murano
A VENECIA en tren.
EL SERVICIO DE TRENES en Europa es magnífico. Hay muchos tipos de trenes y casi no hay buses. Nosotros viajábamos en segunda. Esa segunda es superior a la primera de acá. Limpitos, asientos de pana, salen y llegan a la hora justa, bien atendidos, con un confort bárbaro. Me preguntaba qué hicimos los argentinos con nuestros ferrocarriles, antes y ahora. Los trenes cubren toda Europa. Es la manera de viajar allá.
Los guardas de tren son Señores, y calificados. Son empleados del Estado. Atienden al pasaje con mucha amabilidad y particularidad y no te hacen sentir un anónimo pasajero. Cuidan al que viaja y cuidan el medio de transporte. Viajamos miles de kilómetros en tren y registro muchas anécdotas que en Argentina serían impensables. Visten elegante traje y portan una carterita al hombro que es mucho mejor que la que yo llevo.
Si vas al baño, no entendés nada. Hay agua fría y agua caliente, varios rollos de higiénico que nadie roba, servilletas, espejos que nadie rompe, bolsitas para residuos que no faltan, entrada para afeitadora eléctrica que funciona, luz (dije luz), y limpieza que nadie ensucia. Así en cualquier tren de cualquier país, vayas donde vayas. En Italia sacamos el “biglietto kilométrico” que nos permitió hacer 3.000 kmts. por US 130.
No hay asientos rotos porque la gente no los rompe y la juventud iracunda tampoco. No están garrapateados con graffitis. A nadie se le ocurre escribir “Peron o muerte” o “Giovanni a fatto qui l amore a Angiulina”. Los cuidan. El Estado los cuida y el pueblo los cuida. Un argentino eso no lo puede entender.
La gente deja las valijas en la entrada del vagón y luego se mete adentro. El tren viaja 7 o 20 horas y para en estaciones y hay personas que suben y bajan. A nadie se le ocurre llevarse una valija que no es la suya. (!!!) No se puede entender. Lo he visto. Vi a un tipo al lado mío, del otro lado del pasillo, abrir su attachette y desparramar sus cosas: papeles, cheques, una computadora de bolsillo, llaves, etc. Se puso a trabajar. A las 12, 30 se levantó y se fue al vagón-comedor, que estaba 3 carrozas más atrás. Dejó todo como estaba, su attachette abierto y todo desparramado. Yo pensé que estaba loco. Me dije: -con mentalidad argentina- a éste le van a afanar hasta las ganas de almorzar. El tipo volvió a los 45 minutos, como si nada, y continuó trabajando. Nadie le tocó nada. Más: en la cabeza del tipo estaba eso de que nadie tenía porqué tocarle nada. No se puede entender. O mejor dicho: lo de mi país no se puede entender.
Me pregunté miles de veces, en los trenes, en las estaciones, en los pueblos, en las calles, en el trato de la gente, en el tránsito de vehículos, por dónde diablos pasa la diferencia con mi patria.
No es algo peregrino: en Europa viven mejor, y acá vivimos para el culo. No tengo la respuesta. No lo sé. Al principio caí en la ingenuidad de pensar que era por lo económico, después me di cuenta que no pasa por ahí. No tengo respuesta para eso.
Algo anecdótico (o no tanto): en todas las ciudades y pueblos observé que la gente estila poner macetas con flores en veredas y balcones. A la noche no las entran, quedan ahí. A la mañana siguiente siguen estando ahí. Si yo dejo en la puerta de mi casa una maceta... me la afanan o la encuentro al día siguiente estampillada en el pavimento, me equivoco?.
Mi cuñado, u otro, va a la estacion de il treno de Treviso, deja el auto estacionado por ahí, y se va tranquilo 3 o 4 días a otra ciudad. Se va tranquilo. No se lo van a robar. ¿Cómo puede ser eso?.
Recorrimos VENECIA a pie desde la terminal del tren hasta la Piazza di San Marco, o sea casi toda. Entramos a la iglesia de SANTA LUCIA y SAN JEREMIAS. Ahí vimos el cuerpo expuesto de la Santa de Siracusa (304). Le pasamos “la ñata contra el vidrio”. Es una de las innumerables iglesias de Venezia y es una obra de arte, como todas y cada una de las iglesias de toda Europa.
Hacía un frío de esos que no se aguantan. Mi hermana caminaba haciendo punta, incansable como siempre. La seguían Giorgio, Ruth, Susana, y yo cerrando la fila. Caminábamos y caminábamos por las milenarias y húmedas callejuelas de Venecia. Yo me sentía emocionado, todo lo que el frío me permitía. Estar caminando por Venecia era algo salido de un sueño.
No son calles como las nuestras, son totalmente distintas. Van haciendo eses, pavimento de piedra, cada 100 metros se elevan y dejan pasar por debajo un canal, de repente se abren y hay una plazoleta estrecha. A los costados y cada 3 o 4 casas un caminito angosto húmedo y encajonado, que conduce vaya a saber uno dónde... todo envuelto para regalo, en esa atmósfera mágica palaciega y ancestral que penetra Venecia. Un puentecito, un paredón y una recova. Hay que cruzarlo, caminar por debajo de esa vieja y angosta recova, y volver a tomar otra callejuela, y así se sigue, pata y pata.
Al fin mi hermana aflojó y entramos a un boliche a tomar un café humeante y moderno. Pocas veces un simple café me vino tan bien. Luego seguimos, con bufandas, gorros, guantes, abrigos y todo lo que llevábamos. Por ahí pasamos por otra iglesia: la de SAN TEODORO. Ahí me aparté de la fila y entré. Había misa y el sacerdote recitaba el 20-4 de Mateo, el que más me gusta. Me esperaron y continuamos.
Subimos al PONTE RIALTO. Hacía un frío impresionante. Nos sacamos fotos en el puente mas antiguo y famoso de Venecia. Abajo el Canal Grande, los palacios, y las góndolas, las románticas y encantadoras góndolas.
Luego de esa larga recorrida llegamos a la PLAZA DE SAN MARCOS, la de las palomas. OH! LA PIAZZA SAN MARCOS ... OH! IL DUOMO.
Entramos a la CATEDRAL DE VENEZIA por una puerta lateral, caminando por andariveles porque estaba parcialmente inundada. Fue entrar y pegar un grito ahogado. Nadie podría creer lo grandioso y lo majestuoso de esa Gran Basílica. Yo nunca había estado en un lugar así. No me alcanzaban los ojos para admirar todo lo que me golpeaba la vista. Es del siglo IX. Uno no se anima a pisar los mosaicos bizantinos, traídos de Oriente en la Cuarta Cruzada, luego de la caída de Constantinopla (1204). Nada me entraba en la cabeza.
El revestimiento marmóreo de la parte inferior del muro interior es alucinante. Son losas del mejor mármol griego talladas verticalmente, con vetas de colores y geometrías naturales plagadas de significados. Les pasaba la mano y me sentía un sacrílego. La gente que ha pasado por ahí...
Hay 8 losas de mármol griego en el piso de la nave central, bajo la Cúpula de la Ascensión. Te da pena pisarlas. Todo el pavimento está hecho con pequeñas teselas de mármol caminadas por trillones de peregrinos de todo el mundo desde hace siglos y siglos.
Mirar los techos y las cúpulas, obliga a bajar la vista. Ninguna ciudad tuvo jamás una Biblia tan gloriosa. Son miles de millones de teselas de oro de 1 cm. cuadrado que van formando dibujos y relatando historias bíblicas. Son techos “luminosos”, en cualquier sentido de la palabra.
San Marcos estaba lleno de peregrinos venidos de todo el planeta, muchísimos menos de los que llegan en verano. Paso a paso escuchaba todos los idiomas del mundo.
Esa maravilla me impactó. Creo que estuve una media hora sin abrir la boca, mudo y abierto mirando el colosal espectáculo.
Vimos el retablo de oro del altar mayor, detrás del transepto, bajo el cual descansa el cuerpo del apostol. Y la Capilla de San Isidoro. Y los 4 caballos alados de la fachada, la “Cuadriga Clásica”, botín de la toma de Constantinopla. Y mil maravillas más.
OH! Los techos de San Marcos OH! Las 5 Cúpulas. OH!
Salimos de ese túnel del tiempo y bajamos a La Plaza. Ahí le dimos de comer a las palomas, las legendarias palomas de San Marcos.
Visitamos el PALACIO DUCALE, contiguo al Duomo, ese que se ve en todas las postales de Venecia. Otro espectáculo. Tampoco caben palabras para describir cómo era y es. El Palacio donde habitaban los Señores. Es a todo culo. Era la primera vez que yo entraba a un Palacio. Un PALACIO con mayúsculas, de esos que por América no hay, de esos que solo allá existen. Y era el Palacio Ducale, uno de los tantos que hay en Venecia.
Mi hermana me retó por haberme puesto con la entrada para los 5. Al final tampoco era tanto: US 40. Después me lo agradeció. Ella, que conoce Europa como la mejor y que sabe muchísimo de arte, quedó fuera de combate. El Ducale son Palabras Mayores. Son estancias y estancias, incontables, repletas de obras de arte en pintura y escultura. Los techos interiores están ricamente decorados y pintados, como uno no se hubiera imaginado nunca. Son las estancias de los Reyes del Renacimiento veneciano El lujo estético y monumental en el que han vivido tiene que haber sido deslumbrante. Lo he visto.
Ahí me enfrenté por vez primera con una pala del TIZZIANO VECCHELIO: el San Cristóbal ... OH! -Estaba en el rellano de una escalera encajonada que no lleva a ninguna parte. Me senté a verla. Qué Maestro! -Más adelante en los museos e iglesias, vi muchas más. Me gusta Tizziano.
Vimos obras de Carpaccio, Gentile Bellini, el Veronés, Bassano, Tiépolo, en el marco del más hermoso estilo gótico florido habitual en Venecia. Salimos de ahí aturdidos. Queríamos ver el cielo.
Paseamos por la ribera del CANAL GRANDE, nos sacamos las infaltables fotos con las góndolas, cruzamos el Puente de los Suspiros, seguimos disparando fotos. Eran decenas de paisajes cada 50 metros. Veníamos de recorrer a pie las tan agradables callecitas de Venecia, de estar en El Duomo, de pisar la Piazza San Marco, de visitar el Palacio Ducale... yo estaba cansado como una mula. Pero había que seguir porque teníamos solo ese día. Ya era pasado el mediodía y el frío había bajado un poco, un poquito nomás.
Tomamos una lancha y cruzamos a la Isla de MURANO, de donde es el archifamoso “cristal de Murano”. El viaje fue una delicia. Íbamos navegando por las calles de agua de la Venecia- de-los-siglos. El agua del oleaje le pegaba a las ancianas casas laterales. Era todo un sueño.
En Murano visitamos las fábricas de cristal, con una demostración de vidrio soplado. Murano es tan antigua como Venecia. Caminabamos por una doble calle muy antigua con un canal en el medio, lleno de barquitos. A cada 20 metros un local de venta de cosas de cristal. Eran cientos y cientos. Vendían maravillas, caras para un argentino y regaladas para los de Japón y EE.UU. Ahí compré un par de cositas para mis hijas. Era el día en que Celina cumplía sus 19 años.
Mi hermana seguía adelante guiando la marcha. Ella conoce todos esos lugares. Giorgio también. No es un lugar fastuoso ni de lujo; nada que ver. Son calles de piedra bordeadas de casas muy antiguas, algo así como lo más viejo de nuestro Barracas o San Telmo.
Almorzamos en una plaza chiquita, de esas que se caen de siglos, sentados en el suelo y haciendo mesa en la ventana de una casa. No había nadie. Ruth me sacó una foto en el suelo: “el pordiosero”. Nos acompañaban los gatos y las palomas de Murano, buscando su pedazo de pan de invierno.
Regresamos a Venecia y tomamos “il vaporetto”, que va por el CANAL GRANDE y permite apreciar los fastuosos palacios que lo bordean y que son innumerables. Eran las 5 de la tarde y ya había caído el día.
Ese canal es indescriptible: está bordeado por los mejores palacios de Venecia, uno al lado del otro, y son cientos y cientos, a uno y otro lado. Debe haber sido muy grande la magnificencia de esa ciudad en la época de su esplendor. Pasamos bajo el Ponte Rialto y llegamos a la terminal de il treno. Regreso a Treviso.
27-12-96 Udine
Fuimos a TREVISO y conocimos la Puerta de Santo Tomaso, que permite atravesar la mura y entrar a la ciudad. Es del siglo que le pidas. Nos vinieron a buscar Gabriela y Yeyo, primos de Susana.
De ahí a UDINE en auto, un Alfa Romeo, pasando por Conegliano y Pordenone. A la noche nos llevaron a una taberna de CERNOGLONS, a comer el famoso “frico”, un queso sufflé que nadie sabe cómo lo hacen, pero que es un manjar. Y antes jamón crudo del mejor, y también pastas y también el mejor vino. Salimos como de 3 cenas juntas.
28-12-96 Palmanova - Acquileia - Grado
Fuimos a conocer AQUILEIA, ciudad de la época romana, con muchas ruinas y un puerto fluvial aún hoy conservado. Antes pasamos por PALMANOVA y Cervignano. En PALMANOVA entramos a ver la catedral y la muy antigua plaza hexagonal.
AQUILEIA. El frío era ya insoportable, una térmica de 20 bajo cero; soplaba la bora siberiana. Aun así le pegamos duro. Recorrimos todo el puerto fluvial romano y fuimos a conocer la Basílica de los Santos Ermácora y Fortunatus, discípulos contemporáneos y directos del evangelista Marcos.
Bajamos a la Cripta de Los Frescos, de comienzos de la Era Cristiana. Estaba lleno de reliquias de santos y mártires. Grandes copones con huesos.
Entramos a la Iglesia Pagana (donde compramos los posters). Luego fuimos a ver el museo paleocristiano, en la Basílica del Fondo Tullio, la que tiene los pisos romanos, gracias al cielo conservados. Todo lo que veíamos era contemporáneo de Cristo.
Acá también el desconcierto y mi no entender nada. No sabía qué hacía yo pisando los mismos lugares por donde anduvo Marcos predicando la Buena Nueva. Las mismas piedras, el mismo paisaje. 2000 años de diferencia. Pisos de la época romana!
Seguimos para GRADO, en la Provincia de Goritzia, una ciudad muy bella, en una isla, unida a tierra por un terraplén de unos dos kilómetros. Pueblo de pescadores. El Adriático estaba congelado.
En GRADO fuimos a la iglesia de Santa Eufemia, del siglo VI, y al baptisterio, del siglo V. Vimos lápidas romanas por cientos y cosas de otro mundo. También entramos a la iglesia Santa María Delle Grazie, siglo V. En ningún lugar había nadie. Estabamos solos. El frío era inconsolable.
Mi hermana, que no cree ni en la paz de los sepulcros, fue la que nos dijo: “En Europa no hay que dejar iglesia sin ver”. Menos mal que le hicimos caso.
29-12-96 Udine - Eslovenia
UDINE. Entramos al castillo, a ver una exposición de Giandoménico Tiépolo, el de las acuarelas. Y luego a la iglesia de San Francisco, a ver las pinturas de Gianbattista Tiépolo, y todas las demás que ahí había. Maravillas.
Visitamos la chiessa di San Giacomo, del siglo XVI, y luego el centro histórico de Udine: Piazza de La Libertá y cien cosas más. Simplemente caminábamos.
Cayendo la tarde salimos para YUGOESLAVIA. Entramos a Eslovenia y llegamos a TOLMINO. Estaba todo nevado. Ahí tomamos un chocolate caliente que sabía a manjar. Entramos y salimos de Eslovenia como se entra y sale de la casa de uno. Nadie nos dijo nada. Mi pasaporte tiene solo dos sellos: el de salida y entrada a Argentina. Ningún otro.
30-12-96 Trieste
En tren a TRIESTE. Bajamos antes, en el CASTILLO DE MIRAMARE, y entramos. No podíamos creer lo que veíamos. Es a orillas del Adriático. El castillo está en una roca, sobre el mar. Tiene unos jardines como los del Rey Salomón. Adentro es fastuoso. Había sido la vivienda de los Duques de Austria.
Pudimos caminar por los aposentos reales: la sala de estudio, la biblioteca, la cocina, el baño, las cámaras, los vestidores, la sala de juegos, la de meditación I y la de meditación II, qué se yo... casas mas casas menos ... -Cada estancia decorada según el gusto de los señores: una china, otra japonesa... hasta vimos la cama donde jugaban, tendida, con las sábanas y almohadas.
Antes de irnos admiramos a un empleado en la dura tarea de desbloquear un camino tapado por el hielo del agua de una fuente. Pala y pala. Todo hielo.
Después nos tomamos un bus hasta el centro de TRIESTE. Mientras lo esperábamos me entretuve en darle de comer a las gaviotas del Adriático: me sacaban el pan de la mano en vuelo rasante arriba de mi cabeza.
Anduvimos por la Piazza De L Unitá Italiana y Piazza Borsa y recorrimos a pata todo Trieste. Nos fuimos en tranvía a la Grotta Gigante, la de estalactitas y estalagmitas, pero estaba cerrada. Vimos Trieste desde lo alto.
Regresamos y entramos a la Chiessa di San Antonio di Padova il Taumaturgo. No nos quedó tiempo para ir a la Chiessa di San Giusto. Es muy linda la Trieste de James Joyce.
31-12-96 Citadella - Bassano de Grappa
Volvimos a Paese. Fuimos a CITADELLA, ciudad del medioevo rodeada por muralla. Estaba nevando. Las almenas de la mura son inconfundibles. Y nevadas son un espectáculo aparte.
Luego a BASSANO DE GRAPPA, la ciudad de los alpinos, al pie de Los Alpes. Pasamos por el Ponte degli Alpini y anduvimos la ciudad. Estuvimos en Piazza de La Libertá. Compramos jamón y queso. Ruth, Susana y Giorgio nos miraban desde afuera, matandose de risa, a ver cómo nos arreglabamos con el idioma. Sí, era un lio. Yo quería queso de vaca (muca) y la chica no me entendía. Tuve que dibujar cuernos y decirle: mmmuuuuuu!. Así me entendió. Afuera se descomponían de la risa.
Desde Bassano telefoneamos a La Plata. 31 de diciembre. Regresamos a casa. Era fin de año y nevaba en Paese. Enfriábamos el champagne directamente en la nieve. Fue el fin de año más maravilloso de mi vida. Inolvidable. Gracias Susana y Giorgio. Afuera caía la nieve mansamente.
1-1-97 Treviso
Fuimos a ver TREVISO, otra vez. Paseamos por el barrio Il Giardino, donde están las “villas”, y estuvimos “donde el Sile y el Cagnan se juntan” tal como marca el Dante.
Caminamos la ciudad, bordeando los canales de agua limpia. Vimos 2 molinos de agua, en pleno centro, fuera de funcionamiento desde hace centenares de años.
En Treviso pasa lo que tantas veces hemos visto: hay canales de agua que penetran las ciudades y las cruzan por el centro, dándoles un toque muy agradable. Son ciudades muy antiguas y muy bellas. Ojo: y muy modernas. Pero lo moderno está en el interior de las casas y comercios. Afuera han dejado todo como era. Y lo conservan así contra viento y marea. El Estado Italiano gasta fortunas en conservación y restauración.
2-1-97 de Italia a Suiza
Salimos de Treviso a SUIZA, en tren. Pasamos por Vicenza Verona y Milano. En Milano cambiamos de tren. Fueron 8 hs. de viaje.
Bajamos en Iselle (Suiza) y tomamos bus a BRUGG. Habíamos cruzado Los Alpes en tren. El paisaje era alucinante. Había túneles bajo las montañas. Uno fueron 8 minutos, en un tren yendo a unos 90 kmts. por hora.
A la noche fuimos a cenar a LYSS: tomates secos con aceite y bife de cerdo, en el restaurant Hirschen. Y para el postre, AARBERG: la plaza de Aarberg, y esas casas que la bordean, y ese puente techado del siglo XVI, y las maderas de ese puente. Era el “bombón suizo” de la cena. Estaba todo nevado.
Nadie se puede imaginar lo que es SUIZA. Yo creía que no existía. El paisaje es tan bello que te confunde. La organización social es cosa de hadas. La limpieza y la prolijidad, son como jamás había yo visto. La puntualidad y el orden son para el libro Guiness. Lo vi y lo palpé en los 2 días en que Ruth nos llevó a conocer su patria.
Tienen un sistema de democracia directa (no representativa sino directa) que es un ejemplo para el mundo, solo que nadie lo imita, ignoro por qué razones.
Viven bien -me quedo corto- muy bien. Algo inimaginable para los argentinos y sudamericanos. Ruth no sabe dónde vive. Es el techo del mundo. Es el país más alto del planeta. El suizo que se queja de su patria tiene que estar loco.
Nunca imaginé lo que tántas veces me contaron. Afortunadamente mi amiga habla perfecto castellano y nos pudimos enterar de la vida cotidiana de los ciudadanos suizos.
3-1-97 Suiza - Berna
BERNA. La capital de Suiza, toda nevada. Ruth nos llevó a verla desde un lugar privilegiado. Nos mostraba emocionada su querida Berna. Paseamos por el centro y llegamos al famoso reloj del siglo X, que sigue dando la hora con el mecanismo antiguo.
Fuimos a la Catedral de San Vicente, que es protestante y es monumental. Sus puertas se abrieron a las 14 en punto, para nuestro asombro. Y la plaza de al lado y el río Aare. Y la calle Marktgasse y todas las callecitas que anduvimos.
Y esa merienda en ese elegante barcito frente al reloj, en el primer piso. Y los tranvías de dos vagones, las estatuas de todos colores que ponen en las calles, los balcones con geranios, los comercios tan pero tan paquetes que hay por todos lados. Y el orden y la prolijidad que derrama Berna y toda la Suiza que pudimos ver.
Estuvimos paseando -ahí nomás del centro- por la ribera de un canal de agua transparente, con vereda de pinos y casitas para pájaros en los troncos, que no entra en la vista tercermundista. En el canal había patitos de todos los colores, con las casitas que les hace el cantón para que no estén a la intemperie. Cuidan a los patos mejor que acá a los niños.
Una noche Ruth nos obsequió una cena digna de su mesa y su hospitalidad, digna de reyes. Tuvimos que sacarle fotos a la mesa para que en Argentina nos crean.
Y nos llevó a la escuela donde enseña. OH! ... esa escuela... Cualquier intento de describirla es inútil. Los helvéticos están muy locos. No saben qué hacer con el dinero. Les sobra. Pero no es solo eso. Hay algo más. Indudablemente hay algo más. En Suiza Italia y España.
4-1-97 Suiza
BIEL. Pegadito a Berna. Fuimos a TWANN... (las viñas de Twann!) y LIGERZ. Vimos el lago de Biel, transparente y con patitos de todos los colores. Les dimos de comer. A la mañana mi amiga se enojó porque el correo estaba cerrado a las 11 hs. (No lo podíamos creer).
Luego a la tarde a Evilard, Magglingen (trineos), y Les Pres D Orvín (esquí), que es como decir acá Barrancas de Belgrano y San Isidro, pero diez veces mejor. En Les Pres D Orvin vimos a los chicos (los tuyos y los míos) haciendo esquí tal como acá se hace fútbol en cualquier potrero de la esquina. Ver Suiza es algo que escapa a nuestra imaginación más fértil.
5-1-97 de Suiza a Paris
De Suiza a PARIS. Tomamos el tren en Neuschatel. US 75 y 4 horas de viaje. Atravesamos la campiña francesa y arribamos a la Gare de Lyon, al mediodía. Nos alojamos a 200 metros de la terminal de trenes de Lyon, en la 31 rue Traversiere y salimos a caminar París.
A 400 metros ya estábamos en la PLAZA DE LA BASTILLA. Era muy extraño estar yo en la Plaza de La Bastilla, recién arribado a París. Era algo de mis libros de la primaria.
Vimos la columna de Juillet y seguimos a la PLAZA DES VOSGUES. Entramos ahí y eso era muy loco. Una inmensa plaza rodeada de palacios, toda recovada. Es uno de los rincones que los artistas le regalan a París: todas galerías de arte, y pintores.
Fuimos a la Ile de La Cité (caminando) y vimos NOTRE DAME de París... y entramos a Notre Dame. Yo me preguntaba qué hacía ahí en París y en Notre Dame, a unas 4 horas de llegado. No había respuesta.
Ya cayendo la noche contemplábamos El Sena y veíamos La Consergerie, toda iluminada, a 100 metros. Después fuimos a la plaza del Hotel de Ville y vimos el famoso hotel, y después la Tour San Jacques. Justo enfrente entramos a un supermercado y Susana se compró un pantalón y yo unos vinos. Había vinos de todo el mundo, con excepción de los argentinos. Me llevé un trevisano.
En París y haciendo compras como cualquier hijo de vecino... rodeados de parisinos. fantástico. Como ir al Carrefour...
6-1-97 Paris
Tomamos el metro hasta el ARCO DE TRIUNFO. Tomar el metro en París es toda una aventura; es muy vasto y complejo, con muchas combinaciones. Salimos, asomamos la cabeza y ahí estaba la mole. Es impresionante. Por ahí debajo desfilaron los despojos de Napoleón y las tropas de Hitler, y de los Aliados. Ahí casi que se me cayeron las lágrimas. Esas que no se me cayeron en todo Europa pero que las sentía adentro. Eso estaba muy cerca de mis años y mi niñez.
Vimos el altorrelieve de La Marsellesa y le dimos toda la vuelta al Arco, tocándolo. Después subimos hasta lo alto, y vimos París a vuelo de pájaro.
Caminamos todos los Campos Eliseos y fuimos expresamente al Palacio del Eliseo, la Casa de Gobierno de La France. De ahí al Gran Paláis y al Petit Paláis, y el Puente Alejandro III, sobre el Sena. Luego Place de La Concorde (ahí nos sentamos a tomar sol !), Obelisco de Luxor, Arco de Triunfo del Carrousel, y Palacio del Louvre. En la Place de La Concorde paramos a tomar un café porque ya estabamos bien cansados. Después seguimos.
Vimos las galerías comerciales del Carrousel y nos caminamos casi toda la Rue de Rivoli, pegada al Louvre. Ahí compramos remeras para nuestros chicos. Antes La Orangerie.
Para finalizar el día visitamos Galerías Lafayette y la Iglesia de Saint Roch. Fueron 10 horas de caminata el lunes 6 de enero. Era el día de Reyes y eso fue un muy buen regalo de magos. Los pies ya ni se sentían. París era una fiesta.
7-1-97 Paris
Fuimos en Metro, haciendo combinaciones y malabarismos idiomáticos, a LA TOUR EIFFEL. Llegamos y la vimos. Estar abajo es bello y criminal, así que subimos, y tomamos ticket al piso mas alto. Le dije a Susana: gastar aquí US 7 es no negociable. Acá hay que subir. Era para mi algo emocionante. Había solo tres cosas que quería ver en Europa: mi hermana, la aldea donde nació mi abuela y la Tour Eiffel en París. Esas solo tres cosas. Allá estuvimos, el 7 de enero de 1997.
Desde ahí vimos el Campo de Marte, el Palláis de Chaillot, la Ecole Militaire que tuvo entre sus alumnos a Napoleón, y la Maison de L Unesco, con forma de Y griega. No me quería bajar de los 300 metros de la Tour Eiffel. Pero hubo que hacerlo.
Fuimos al MUSEE D ORSAY. Sin palabras: todos los Impresionistas. Todos. Vi los Van Gogh al alcance de la mano. Los originales de los cuadritos que tengo en casa. Me detenía en cada pincelada y me lo imaginaba al Maestro charlando con el Dr. Gachet.
Después a la casa de Lacan en la Rue de Lille N 5, fotos, y luego al Pont Neuf y a ver el monumento ecuestre a Enrique IV. Fotos y más fotos.
8-1-97 Paris
En metro a LA DEFENSE, la ciudad con la que La France recibe al siglo XXI, en la otra punta del Louvre. Estuvimos en el Quattro Temps y en el CNIT, y entramos! Vimos el Gran Arco, ahí desde abajo. Y el dedo gigante y toda esa Defense que no se puede creer.
Volvimos a la París histórica y fuimos al Palacio de Justicia. Pudimos visitar la SAINT CHAPELLE, una capilla donde Luis IX guardaba la máxima reliquia: la Corona de Cristo.
Entramos y nos quedamos muy bobos con esa pequeña capilla de bóvedas bajas del siglo XIII. Era una bellecita, con sus flores de lis de Francia sobre fondo azul y las torres de Castilla. Finas columnas con capiteles de ganchos que encerraban una atmósfera de armonía y de misterio. Ya nos estábamos por ir, contentos de haber visto la Saint Chapelle cuando vimos que por una pequeña escalera unos subían y luego otros bajaban. Fuimos a ver qué había y se trataba de una estrecha, oscura, y antigua escalera que subía, con paso para una sola persona.
Yo llegué primero arriba, y casi me caigo escaleras abajo. La iglesia anterior era la de la servidumbre. Arriba estaba la SAINT CHAPELLE. No voy a decir nada más. Misterio. Si vas a París no dejes de ver la Saint Chapelle.
Fuimos a LA CONCERGERIE. Inolvidable. Vimos las cárceles de la Revolución Francesa, el “departamento” donde había estado María Antonieta antes de la guillotina. Y hasta la jarra de su último sorbo de agua. París te muestra su historia descarnadamente.
Después al LOUVRE. Entramos a las 16 y salimos 4 horas después, con la sensación de haber visto menos de la mitad. 4 horas en El Louvre no son nada. Es posiblemente el archivo pictórico más grande que hay en Europa. Ocupa una pequeña porción de lo que es el Palacio del Louvre, donde vivieron los Reyes de La France. Son salas palaciegas atestadas de las pinturas más grandes de todos los tiempos.
Ahí estan la Venus de Milo, la Gioconda, y la Victoria Alada de Samotracia... las 3 chicas. Ver El Louvre y después morir. Esa Mona Lisa es chiquita. Demasiada fama para el tamaño. Era un mar de gente. Me entretuve viendo los cuadros que están a los costados: OH! -En la misma sala, justo enfrente de esa señorita hay otra de Rafael que es mucho más linda. Tomá! El Museo de El Louvre... al fin lo pude conocer. Es magnífico.
Una sola crítica a París: está todo reconstruido, todo. Durante la Revolución Francesa hicieron mierda todo lo que había. Lo poco que quedó en pie lo terminaron de derribar los aviones alemanes. Y muchas alabanzas por el mismo motivo: rehicieron todo.
9-1-97 de Paris a San Sebastián
Gare de Montparnasse. Tren a SAN SEBASTIAN (España, País Vasco). Tomamos una pensión a US 24 por día; más barato que en casa; US 12 cada uno.
Y arremetimos con San Sebastián. Es bellísimo. Una bahía a orillas del Cantábrico. Me compré una boina. Fue todo un merecido descanso. Luego de la maratón de París, ahí solo había que caminar despacio y simplemente estar. No había nada urgente para ver. Fue el único “descanso” en Europa.
10-1-97 San Sebastián
SAN SEBASTIÁN. Ciudad vieja. Plaza Sarriegui. Plaza de La Constitución (ex plaza de toros). La costa... esas playas... El castillo de Miramare. trencito, bares, chiquiteo, y caminar y caminar. Tranquilos.
11-1-97 Irun
Alquilamos auto y fuimos a IRUN. Paramos en casa de familiares: los 4 hermanos Barreiro Vázquez. 4 personajes. Muy linda gente. A la noche nos llevaron a pasear a HONDARRIBIA, pegado a La France. Cenamos en un boliche vasco: jamón crudo del mejor y cuánto quieras, buen viño do riveiro, pulpo a la gallega, queso Idiazabal, aguardiente de hierbas... ¿Qué más?. Fue una cena hermosa. Tengo allá una muy linda familia. Alfonso, Antonio, Manolo y José. Nos hicieron divertir como nunca. Qué buena gente !. Son los hijos de Mercedes Vazquez, hija de Bautista y sobrina de Elvira.
12-1-97 de Irun a Galicia
De Irún a Galicia en auto, pero no llegamos. Cruzamos el país Vasco, Burgos, Castilla/León, y empezó a caer la tarde. Valladolid. Tordesillas: muchas motos, demasiadas. Benavente. Astorga: no por el pomeriggio. Finalmente PONFERRADA, casi en El Bierzo.
Ahí hicimos noche. US 35. La cena, en un típico boliche: “Alborada Berciana”. Yo chorizo colorado con patatas con pimentón; Susana patatas bravas; buen viño. Todo US 5,30. Un regalo. A Ponferrada y al Bierzo hay que volver. Antes de irnos le dimos la “pasada” a la ciudad. Está amurallada, como corresponde; y es mas vieja que la injusticia.
13-1-97 Galicia - Ourense
De Ponferrada a GALICIA, la tierra de mis abuelos paternos. Luego de un túnel en el camino un cartel nos anunciaba la entrada en Galicia. Ahí otra vez se me vinieron las lágrimas. Me agarró desprevenido. Sabía que estabamos a punto de entrar en La Tierra, pero no me di cuenta. El cartel me agarró desprevenido. Fue un sacudón. Acababa de entrar en GALICIA.
Esa Galicia es muy hermosa. Es bella. Yo saltaba en una pata. Al fin pisaba miña terra !!! Fuimos a casa de mi primo Manolo Vázquez en ORENSE, y lo conocí a Antonio, el hijo de Bautista. A la tarde fuimos a conocer Orense. En la Catedral pudimos ver El Santo Cristo, al que le crece el pelo, dicen. Y el puente romano... El Viejo Puente.
La gallega me habló muchas veces de Bautista. Era uno de sus hermanos. El preferido por ella. Cada vez que hablaba de Bautista se le llenaban los ojos de lágrimas. En el año 80, el de su partida, y ya de 90 años, me hablaba de Bautista y aflojaba. Yo no sabía qué hacer para contenerla. Pero además me preguntaba qué le pasaba con ese hermano al cual no veía desde hacía más de 60 años.
En España conocí a los dos hijos de Bautista: Mercedes en Irún y Antonio en Orense. Mi hijo Pablo Matías Vidal, casi se llama Bautista. Era una de las posibilidades de su nombre.“Tres cosas hay en Orense que no las hay en España... el Viejo Puente, el Santo Cristo, y Las Burgas hirviendo el agua”. Vimos las tres. Y muchas cosas más.
Mi abuela me hablaba de LAS BURGAS cuando yo era chico. Ella a su vez había estado allí; la habían llevado sus padres. Caminando por las antiguas callecitas de Orense, 100 años después uno de sus nietos llegaba a Las Burgas. Fui a buscarlas simplemente porque ella me había hablado de eso. Es una fuente de agua termal que sale a exactos 74 grados desde hace más de 2000 años. Nadie sabe de dónde viene el agua. Suponen que de un volcán.
Hay unas cuántas placas de mármol romanas expuestas, encontradas ahí mismo, que hablan de lo curativo de esas aguas. Nunca dejó de brotar. Es algo así como una plaza, con surtidores de piedra y desniveles, al toque del centro histórico de Orense, a unos 200 metros de empedrada calle. La gente se acerca con bidones y se la lleva. Otros se lavan las manos y la cara. Yo me saqué el pullover y casi que me bañé. Y tomé de esa agua de tantos siglos. Me acordé de la gallega y alguna lágrima se fue con el agua.
Una jovencita drogadicta y de últimas me pidió una moneda. Se la di porque Elvira nunca le negaba una moneda a nadie. Eso siempre me lo acuerdo. ¿Puede ser tan fuerte la huella que esa gallega dejó en su nieto ? -Compartí pieza con ella 20 años en la casa de Wilde. Ella se murió en 1980 a los 90 años, y yo ahora tengo 49. Me leía mis libros cuando yo no sabía leer, y le leí sus libros cuando ella no podía leer. Leyéndole sus libros aprendí la Historia Sagrada. Esa Historia que no había aprendido con los Salesianos de mis 6 a mis 12, y que tan bien me vino en Europa. La gallega me paraba en el Nuevo Testamento y me decía... “A ver... qué dice ahí ?...” ... y yo paraba y leía de vuelta, distraídamente. Ella se quedaba un rato pensando y luego seguíamos la lectura. Yo era su Lazarillo.
Estaba fascinado en Las Burgas. No era lo mismo que el Palacio Ducale de Venecia, ni los Castillos ni los Duomos ni ninguna de las tantas cosas impresionantes que vi. Las Burgas y la vieja Aldea de Casardomato eran cosas muy mías.
La primera que me habló del Moisés del Buonarotti fue la gallega. Me lo encontré 10 años después en los libros de Freud. Y otros 20 después en San Pietro In Víncoli.
14-1-97 Casardomato - Vigo - Carreira
De Orense a CASARDOMATO, la vieja aldea de Elvira. Hay que ir en auto porque no queda otra. Está en el camino que va de Orense a Vigo y Pontevedra. Antes de la bifurcacion del camino, a derecha, hay un pequeño cartel que dice “Casardomato”. Hay que apartar el auto y parar. Hacer unos 200 metros y doblar a derecha. Se entra por una estrecha senda de casas de piedra y de siglos.
Yo estaba conmocionado. Empezaba a caminar la aldea de Elvira, 100 años después. Ahí toqué el cielo con las manos. Está todo tal cual estaba. Unas no más de 100 casas, de piedra y tejas, entre las montañas gallegas. No salió nadie en toda la aldea. Estarían en el campo o dentro de las casas, al amparo del intenso frío.
Andábamos con el auto muy despacito, al paso del caminar, pisando suelo sagrado. El moderno Opel Corsa con el que andábamos iba por pavimento de piedra y de siglos. Yo manejaba y estaba loco, muy loco... y muy callado. Eran las 10 de la mañana del 14 de enero de 1997, las 6 de la mañana hora de Argentina.
Llevaba el auto en primera. Quería... no sé qué quería... años pensando en llegar a esa aldea... Estabamos en CASARDOMATO, la aldea de la gallega. De a ratos le decía a Susana: “De aquí salió mi abuela... de aquí salió la gallega...”.
Y anduvimos Casardomato, bordeando sendas para carro, entre paredes de piedra muy antiguas. No salía nadie. A unos 500 metros y ya en el fin de la aldea paré el auto y bajamos. Empezamos a caminar los senderos y a buscar la casa. Yo llevaba fotos que me había enviado Mercedes en el año 84. Con las fotos en la mano buscaba ansiosamente la casita de mi abuela. No la podía encontrar.
Caminábamos por increíbles senderos de piedra con caídas de agua que vertían aquí y allá. Senderos de siglos que serpenteaban, con casas a cada lado, a 3 metros una de otra. Vimos una vertiente de agua con piletón de piedra para lavar la ropa. Y seguíamos andando la aldea. Ahí nomás reconocí la casa de los Vázquez.
El frío era interminable y la emoción más grande que el frío. El piletón estaba ahí, a la vuelta de 3 o 4 casas, donde seguramente lavan ropa desde hace 200 años. LA CASA DE LA GALLEGA ! -No podía creer estar ahí. Tocaba las piedras y no lo podía creer. Tocaba el cielo con las manos y tampoco lo podía creer. La casa de mi abuela allá en Galicia !. Al fin la había encontrado.
Me metí dando una vuelta por otra casa lindera y entré. Eran ruinas. Yo lo sabía. Me lo habían dicho mis parientes de Irún y de Orense, así que estaba enterado. No vive ahí más nadie. Ya no importa eso. Acaricié las paredes de piedra y volví al camino, a la parte de arriba, porque ahí todo va en pendiente. Y me quedé pegado a la pared de piedra, ahí parado y mirando. No sabía qué hacer. Estaba como tonto, boludo. Eran minutos interminables. Me hicieron bien. Muy pero muy bien. Ya ni sé lo que pensaba.
De regreso a Argentina me pregunté muchas veces qué pensaba yo ahí, pegado a esas paredes de piedra... no lo supe, no lo puedo saber. Quedó para el buen olvido. Fueron 5 minutos.
Estaba en un rincón de Galicia, viendo y tocando lo que siempre quise tocar y ver. Y sentía un agradecimiento enorme hacia esa chiquita que un día salió de ahí a sus 17 años para nunca más volver. Esa gallega era mi abuela Elvira, la que me hablaba de Las Burgas, el Santo Cristo, el Viejo Puente, y la aldea.
Una vecina muy amable nos hizo pasar a tomar un café. Yo no sabía cómo explicarle que qué estaba haciendo ahí, pero me entendió. Es la señora Pilar Muñoz Villamarín, nacida y criada en la Aldea de Casardomato, de unos 55 años. Esa señora había conocido a algunos hermanos de Elvira: a Genoveva y a Manuela. Ella era chiquita cuando la señora Genoveva ya era vieja. Vive a escasos 4 metros de la casa de la gallega.
Esa señora nos mostró su “finca”, casa de aldea: Los bajos son para los animales y la bodega, y los altos para la gente. Piedra y piedra. Nos contó de sus dos hijos, casados y ya marchados. Vimos sus dos chanchos (“el janao”), que viven a cuerpo de rey, sus gallinas y sus jamones y bodega. Mostraba eso como quien muestra un tesoro. Me saqué fotos junto a Pilar y a esos jamones colgando de las vigas. Había que bajar la cabeza para entrar. A un costado, en el piso de tierra, vi un fuego encendido para ahumar. Y un deposito de maíces y de cosas de labranza. Todo eso a pocos metros de la casa de la gallega. Todo eso como hace 100 años.
Salimos al frío y a desandar la aldea buscando el auto, que había quedado allá arriba. Antes de irme le pegué una suave piña a la vieja casa de piedra y dije... “Chau Elvira”. Estaba agradecido, loco, emocionado. Era todo lo que quería conocer en Europa. Para eso había viajado, solo para eso. Todo lo demás venía de regalo.
Me traje unas tejas de la vieja y ahora abandonada casa donde mi abuela había nacido y jugado. Y una piedra y un pedazo de fierro. Tenía que traerme algo. Fueron las cosas más lindas que me traje de Europa. Había ido a buscar eso. (Uno a veces se pone muy tarado).
Fuimos hasta la iglesia de SANTA CRUZ DE ARRABALDO, bordeamos el cementerio, dimos unas vueltas por ahí. Ahí estaba todo lo que siempre quise ver. Ya lo había visto y marchamos.
Se me hace difícil pensar en esa extraña amalgama de lo antiguo y lo nuevo que hay en Galicia. Y en tantos otros lugares de la vieja Europa. Hay una buena combinación de lo viejo y lo moderno.
Seguimos para VIGO y subimos al Castro. Desde ahí arriba se contempla toda la inmensa Bahía de Vigo. Es una ciudad potente e industrial. Luego PONTEVEDRA, y bordeando Padrón entramos hacia el oeste, con dirección a SANTA EUGENIA DE RIVEIRA.
En la carretera paramos a almorzar en una taberna: cachelos con surelos, y un vino violeta y casero que manchaba lo que tocaba. Era para pintar. Nos atendieron muy bien. El gallego había vivido un tiempo en Buenos Aires. Trabajaba en una panadería. En Galicia no hay casi nadie que no tenga parientes en Argentina.
No puedo contar todo. Se harían cientos de páginas. Desde el comienzo al final el relato es a vuelo de pájaro. Santa Eugenia, Aguiño, y CARREIRA, la aldea de Pepe, mi abuelo paterno, por quien llevo mi apellido.
Paramos en casa de María García Dios y Antonio Ceide Vilar, dos parientes, dos hermosas personas. La madre de María era prima hermana de papá. Dormimos ahí, en la casa donde nació mi abuelo, el gallego Vidal, a quien no pude conocer. Cenamos la rica comida de María: pescados, cangrejos, y de todo. Fuimos a la casa de Tucho el hermano de María y de Hermitas, en Aguiño. Estaba en la mar.
No nos querían dejar ir. Yo estaba con un resfrío atroz y afuera la temperatura se hacía sentir. Me calenté la espalda en los leños que ella prendió, en el estar de su casa. Vimos fotos de familia: ahí estaba mi abuelo José, y muchos otros familiares. Hasta había una foto mía de hace mares de años. Gracias María y Antonio. En un solo día conocí las aldeas de dos de mis abuelos.
Ya era mucho para mi. Era demasiado. Nos dieron habitación en la planta alta y me dormí como un angelito.
15-1-97 Carreira - Santiago de Compostela
Nos fuimos de Carreira. Antonio nos regaló un brandy muy añejo. Manejaba yo y sin querer equivoqué el camino de salida y retorné 2 veces más a Carreira, a la casa de María. Era inexplicable el retorno, pero así fue.
Regresamos por Aguiño y Santa Eugenia de Riveira. Ahí hicimos alto, en la misma playa donde pescaba mi abuelo, y pude ver a los gallegos pescando, como hace 100 años, o 1000, que es lo mismo. Me traje unos caracoles, de esos que trae la marea, los de siempre, los mismos que veía José en la ribera de su ría. Era el 15 de enero y para mi era como hace 100 años, cuando mi abuelo tenía 15 y ya salía a la mar, a remo, en las dornas. Levanté de la playa un aro de corcho y unos caracoles que ahora tengo en casa, reliquias.
Palmeira, Pobra Do Caramiñal, Boiro... todas aldeas de pescadores, en la Ría de Arosa. Nos dirigimos a Santiago, desandando la ruta. Miraba el paisaje y no podía dejar de pensar en mi abuelo Vidal, que anduvo por ahí. En la Pobra Do Caramiñal lo anotaron cuando nació, el 20 de agosto de 1883. Tengo entre mis papeles su acta de nacimiento.
Manejaba yo y andaba despacio, tratando de guardar en la retina esos paisajes, esas aldeas de pescadores. Se suceden una tras otra bordeando la ria de Arosa. Todo va entre suaves colinas arboladas. A izquierda las casitas y a derecha la ria. Un lujo esa vista. Se pasan varios puentes hasta llegar a Padrón... el gallego José...
Fue lo que siempre había querido ver: de dónde habían partido mis abuelos. Y lo pude ver... Gracias Elvira y José. La labradora y el pescador. GRACIAS.
SANTIAGO DE COMPOSTELA.
OH! el Obradoiro de la Catedral de Santiago. OH! El Pórtico del Paraíso, del Maestro Mateo. Esos dedos de siglos que gastaron el mármol. Metí las manos hasta la maceta en el pórtico. Las ateas cabezas pegando tres veces. Ahí también había estado Elvira. Me lo había contado.
Visitamos el museo de Santiago y vimos el botafumeiro. Santiago tiene magia y a ella nos entregamos. Almorzamos en un boliche de ahí. Vimos varias iglesias y caminamos la ciudad. Quise quedarme a vivir ahí.
Esa Catedral es imponente. Le palmeamos la espalda al Apóstol, el hijo de Zebedeo, pescador, y nos quedamos un rato mirando la urna que contiene sus restos. Un cura celebraba misa, el mismo que luego me pidió una foto en el obradoiro.
Luego a LALIN y de ahí a SANTISO, la pequeña aldea de la abuela de Susana. Caía la tarde y el espectáculo era para un cuadro de Millet. La hora del Angelus. Vimos a una señora arreando su vaca tirada con soga. Hablamos con otra, esa que nos decía... “Meu primo escribeu y luego morreu y entón no escribeu más”.
Paramos a un gallego que venía con un tractor por el medio del valle: me hablaba más en su idioma que en castellano y yo no le entendía nada. Después Susana saltando las lápidas del cementerio buscando sacarle foto a la de un Taboada / San Martín, seguro que pariente de ella.
Y fuimos hasta la casa de otra gallega que tenía menos de 50 años y unos bigotes como para manejar un Ford T. No, no, GALICIA es increíble. En las aldeas siguen viviendo como hace 100 años, o 1000, qué más da. El que nunca estuvo en una aldea gallega no puede ni en sueños imaginar cómo es. Y esa aldea de Santiso Do Fondo era de almanaque, de película.
Regresamos a Orense, ya de noche.
25.9.04
16-1-97 Ourense - Toledo
Volvimos a casa de Manolo. Cenamos como los mejores: en familia y con todo casero. Antonio y Esther, Pilar y Manolo, Alia, Constantino, Susana y yo. Ese Antonio no se saca la boina gallega ni para comer. Es un divino. Tiene 85 años y baila la muñeira con la nieta de 6. Manolo nos regaló unos chorizos de campo que finalmente no llegaron a Argentina: quedaron en Italia, bien puestos; más precisamente en Pádova.
De Orense a MADRID. Despedida de Galicia. Nieve en el camino. Los autos andando al paso del caminar, manejaba Susana. Pasamos por Allaríz, Xinxo de Limia, el Castillo de Monterei, Verín, y Gudiño, a metros de Portugal. Ahí termina Galicia, la hermosa Galicia. Muchos pueblos más.
Cruzamos por el centro de Madrid en auto con dirección a Toledo. Ya Madrid me empezó a no gustar. Manejaba Susana y casi la chocan en dos oportunidades.
Y llegamos a TOLEDO. La Toledo de El Greco, la ciudad mas antigua y linda que uno pueda imaginarse. Tratamos de apurarnos todo lo que el sol nos daba, que ya era poco. Nos alojamos en un hotelito de US 35 por día, el Hostal Nuevo Labrador, en Juan Labrador N 10, pegado al Hotel Alcázar. Está en una callecita lateral edad media, a 10 metros de una plaza antiquísima.
Ahí nomás, a unos pocos pasos, el Corral de Don Diego y la Iglesia Magdalena. Estacioné el Opel en una callecita “debajo” del Hotel Alcázar y no lo volví a tocar hasta el día en que nos fuimos. Era una pequeña calle que desembocaba en una placita muy chiquita y sin salida para autos. Había un talabartero que me advirtió que no estacionara donde yo quería hacerlo. Al final lo dejé junto a una casa de piedra, tal como otros autos que vi. Poner el auto ahí era algo raro. Lo estaba dejando en una pequeña calle empedrada al lado de una casa de 5 siglos. Había que andar 20 metros, subir una escalera y andar otros 20 metros. Ahí estaba nuestro hotel. Me parecía retroceder 1000 años. En Argentina no conocemos eso. Somos demasiado jóvenes.
Antes de conseguir alojamiento le pregunté a un comerciante por una pensión que estaba en el folleto de turismo, y me mandó. Me advirtió que eso era una “dédalo”. Tuve que subir y bajar escaleras por callejuelas increíbles, de 2 metros de ancho, bordeadas por casas muy antiguas, que doblaban a izq. o a der. cada 30 metros. El cielo allá arriba, dibujado contra los altos aleros de teja. Al final llegué y me atendió una señora. Entré a la pensión y el precio era uno pero por cada ducha cobraban más. No me gustó y me fui. Susana me esperaba con el auto en la Plaza del Ayuntamiento.
Otra vez la locura y el enamorarse. Es impresionante, de no creer. La ciudad está abrazada por el Tajo y es un laberinto de calles y de callecitas y de senderos y de obras de arte cada 20 o 30 metros. Es muy chiquita. En TOLEDO uno se siente El Greco o El Berruguete caminando por sus callecitas de piedra. Quedó todo tal como estaba hace unos 10 siglos. Otro lugar para estacionarse uno, para vivir. De hecho ahí vive gente, gente como uno, y son miles.
Entramos a LA CATEDRAL. Eso fue terrible. Es del siglo XI y tardaron 250 años para terminarla. Yo no podía creer lo que estaba viendo. La Catedral de Toledo me arrebató. La nave central tiene 120 metros de largo. Dobles naves laterales, crucero embebido y girola. Fue entrar y dar dos pasos adelante y uno para atrás. Te atropella, te empuja para afuera. La Catedral de Toledo: algo loco, inentendible. Capillas, joyas, pinturas, órganos, retablos, códices, esculturas, sillerías... todo hecho a lo monstruo. OH !
Estuve 15 minutos abrazado a la reja plateresca del Maestro Francisco de Villalpando. Acariciaba esos fierros. No podía entender cómo alguien pudo hacer algo así a mano, cuando no había luz ni torno. Tuve que volver a entrar dos veces porque no lo podía creer. Y los trabajos desbordantes y frenéticos del Berrugette !, la sillería del Maestro Céspedes !, el retablo de Copín!... uno no sabe ya ni para dónde mirar. Ese Copín de Holanda... ese estaba reloco.
Me preguntaba a qué tanta explosión de desenfreno artístico; cómo se puede tardar 250 años en construir y amoblar tamaña mole... desde estos años infieles temporales y paganos en los que vivimos no hay respuesta a la pregunta.
Volvimos al hotel ya de noche. Entre Madrid y Toledo, no hay dudas: Toledo ! -No vayas a Madrid. Andá a Toledo.
17-1-97 Toledo
TOLEDO. Había soñado toda la noche con los rejeros toledanos del siglo XV. Nos habíamos tomado enterito el brandi de Antonio.
Hubo que volver a La Catedral. Se me venía encima. Te pasa por arriba, te aplasta. La caminábamos por alrededor observando las puertas y nos entretuvimos con la Puerta de Los Leones (por fuera y por dentro). Volvimos a entrar y fuimos a ver el “transparente”... está tallado hasta donde da la vista y hasta donde no da también. Allá arriba y a lo lejos. Si quieren más luz ahí la tienen ! -OH!
Detrás del Altar Mayor recuerdo haber visto mármoles labrados como quien trabaja cera derretida. Me entretuve en una capilla lateral: OH !
Tuvimos que irnos. Venía una cita inaplazable. Fuimos a ver “EL ENTIERRO DEL CONDE DE ORGAZ” en la iglesia de Santo Tomé. Para ver eso habíamos llegado hasta ahí. Media hora con la boca abierta y sin palabras. Otro artista loco, otro enajenado de la pintura y la sensibilidad.
Estabamos sentados solos frente al cuadro, en el mismo lugar donde Einstein le había dicho a Ortega Y Gasset que era la obra maestra más representativa del genio humano. Yo me había quedado suspendido observando el Juan Evangelista, tan alargado, y Susana con el velo blanco del personaje grandote que está de espaldas.
Esa obra es un sueño... o un delirio. Está abierta a infinitas interpretaciones. Las manos que pinta El Greco son de excepcional belleza y sutilidad. Hay que verlas. Cuentan que trabajaba siempre de noche, a la luz de las velas. Decía que la luz estaba dentro suyo y que la de afuera lo perturbaba. Un enloquecido. El lienzo fue pintado en 1586.
Le dedicamos a Toledo todo el día. Nos caminamos todo y entramos a todas las iglesias y a todos los bares. Nos quedamos bobos mirando la infinidad de comercios que venden cuchillos y espadas de acero damasquino, el mejor acero del mundo.
Visitamos la casa de El Greco y vimos la serie de Los Apóstoles. Ese San Pedro llorando te saca los pelos. No comprendo cómo un pintor puede darle ese brillo a la mirada, ese brillo luminoso de lágrimas brotando. Tuve ese cuadro delante de mi vista. Me conmocionó.
Aun así hemos visto muy poco. Un día y medio en Toledo es nada. Hay que quedarse una semana, y con los alrededores, dos.
18-1-97 Toledo - Madrid
A la mañana, recorrida en auto por la bordura de EL TAJO y la mura de Toledo. No nos queríamos ir. Vimos EL ALCAZAR y las imponentes PUERTAS de entrada a la ciudad: la del Sol, la del Cambrón, la de Bisagra, y la Bab-Al-Mardúm. Y regresamos a la Mezquita mozárabe del Cristo de la Luz, a sacar unas fotos.
Nos hubiéramos quedado en Toledo una semana. Ese pueblo hay que verlo. Es mucho mejor que ir a Madrid. Ahí te llevan los siglos, los barcitos, y esa cosa tan agradable que tiene. Tal como me dijo ese viejo ... “es un dédalo”. Con gusto me iría a vivir ahí, a una de esas callejas transitadas por los siglos y por la edad media, ahí por donde caminaba El Greco. Y ahí por donde cada vez que pasa un auto hay que ponerse de espaldas a la pared: sino auto y peatón no pasan.
Nos hemos caminado toda la “Toletum” romana. Y desayunamos en sus bares y pateamos una y otra vez la calle Comercio hasta la Plaza de Zocodover. Cuando regrese a España volveré a Toledo, para quedarme a vivir ahí.
Después a MADRID, 70 kmts. al norte. Llovía y era un lío con el auto; no hay dónde estacionar. Conseguimos posada en plaza Santa Bárbara, el Hotel Senegal, habitación N 5, a 100 metros de la Plaza Alonso Martínez. Cómo nos costó conseguir alojamiento: no había por dónde en Madrid, y estacionar era un drama. Además llovía. Entregamos el auto y nos decidimos a caminarla. Teníamos tres días.
Fuimos al centro y entramos a El Corte Ingles, uno de los 6 o 7 que hay en Madrid. Es como el Carrefour pero multiplicado por 10. Son pisos y pisos de cosas para comprar. Son las nuevas Catedrales de la Europa actual, sin ninguna pretensión de alcanzar cielo ni eternidad. Son de éste mundo.
Paseamos por el centro de Madrid, vimos la última de Stallone, y caminamos la “Preciados” y la “Del Carmen”, dos calles como la Florida de BA. En El Corte Inglés me compré un cepillo de dientes.
19-1-97 Madrid
MADRID. Plaza Colon. Fuente de Las Cybelles.
Palacio de Villa Hermosa, con el Museo Tyssen-Bornemisza. Ahí entramos, al Tyssen-Bornemisza. OH! esos Impresionistas que tanto le gustan a Susana. Ahí están los Van Gogh: fotos con cada uno. Sin flash. Espero que salgan. Tuve delante de la vista al Puente de Arles y Los Girasoles. Y tantas otras pinturas !
La Fuente de Neptuno. Luego al MUSEO DEL PRADO, a ver maravillas. Es como El Louvre. Ahí están todos los Goya y los Velazquez, y los Tiziano y los... Durero, El Bosco, Rafael, Tintoretto, El Greco... lo mejor de Bizancio y del Renacimiento. Es otro Louvre. Estuvimos unas 4 horas dándole vueltas.
La Plaza del Emperador Carlos V en Atocha. LA PUERTA DE ALCALA. No parábamos de sacar fotos y de entretenernos. Y de mojarnos.
20-1-97 Madrid
MADRID. Museo de La Reina Sofía, en Plaza Atocha: EL GUERNICA de Picasso, y pinturas de Dalí y Joan Miró.
De ahí caminando bajo lluvia a La Plaza Mayor. El Ayuntamiento. Fotos en la estatua ecuestre de Felipe III. Caminamos bajo las recovas y almorzamos en un boliche, viendo caer la lluvia sobre esa magnífica plaza.
Después a Nuestra Señora de Almúdena, la nueva Catedral de Madrid (estaba cerrada). Enfrente el Palacio Real. Llovía en Madrid.
De repente una placa de mármol, la casa de Pedro Calderón de La Barca: obligada y reverencial foto.
San Isidro, la vieja Catedral (estaba cerrada). Qué pasa en Madrid que llueve todo y cierra todo ? -Madrid no me gustó, quiero decir, me gustaron muchísimo más otras capitales y otras ciudades. Para mi no tenía nada nuevo. Encima estabamos con poca plata y no paraba de llover. Es una ciudad “bodoque”, plagada de esos feos y bodoqueantes edificios diecinuevescos como los que hay en nuestra Diagonal Norte.
Un petit detalle: tuve que renunciar a mi orgullosa boina vasca. Me miraban como a un marciano, o como miramos nosotros a un gaucho recién llegado del interior. Es la Capital de España y nadie usa boina. ¿Qué les pasa ?
21-1-97 Madrid
En Metro al Arco del Triunfo (o De la Victoria). El Faro de La Moncloa. Subimos: 200 pesetas cada uno. Desde ahí vimos Madrid a vuelo de avión.
Plaza España, con la estatua del Quijote y los olivos. Esa señora que se ofreció a sacarnos una foto subidos al Quijote. Volvimos caminando al centro.
Paseamos por la calle Preciados, Del Carmen (la del oso y el madroño), y Montera. La Puerta del Sol (sin puerta) con la estatua ecuestre de Carlos III, esa que para leerla hay que darle la vuelta unas 20 veces.
Y no paraba de llover sobre Madrid, coño ! Aeropuerto de Barajas y ese viejito recién llegado sentado en un banco, que es de bronce, el viejito. Regreso a Italia.
Esa Madrid es insulsa. Nos íbamos de España. Habíamos ido a conocer la nueva y la vieja. Creo que conocimos las dos. Nos faltó ir al sur, a Andalucía, y a muchos otros lados. Es imposible verlo todo en pocos días. En Barajas me llegaban al oido esas letras de Machado... “La España de charanga y pandereta, de rado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y de alma inquieta ...”. Es linda esa tierra. Es linda. Es mía.
22-1-97 Padova
Aeropuerto Marcopolo, Venecia. Paese. Salimos a conocer PADOVA, ciudad romana que arranca en el siglo X a.c. -Caminata por la ciudad. La antigua Universidad con sus distintos pabellones. El río Brenta. Las callecitas de Pádova con su empedrado y sus recovas. Il Ponte delle Torricelli, riconstruito in pietra nel 1210-17, originariemente in legno.
El Cafe Pedrocchi. La Chiesa degli Eremitani, arrasada por las bombas aéreas del 11/3/1944. Los pocos frescos de Andrea Mantegna que se salvaron, pintados entre 1454 y 1457, y los de Giusto di Menabuoi.
Susana y Giorgio nos llevaban a todos lados. La plaza Prato della Valle, la más grande de Europa, con sus 87 estatuas de célebres. La Chiezza di Santa Giustina y ese curita simpático que nunca llegará a Papa. Su cripta con el pozo de los mártires y la tumba de San Prosdócimo (año 500).
La Chiesa de San Antonio de Padua, con la tumba del Santo: otra monumental Basílica donde se te caen las medias. Frente a la basilica la casa del Donatello. Fotos. El altar mayor está decorado con los bronces del Donatello. Esos eran artistas. Pero la cosa no para ahí. La estatua del Gattamelata, los frescos de Altichiero, los tres frescos juveniles del Titian (1511)...
Se nos iba el día y apuramos hacia la Cappella degli Scrovegni, con la obra maestra de la pintura italiana y europea del siglo XIV... OH !!!: los 36 paneles pintados íntegramente por IL GHIOTTO entre 1303 y 1305. Tuvimos suerte. Adentro hacia un frío bárbaro y el cuidador se entretuvo relatándonos los frescos uno por uno. Faltaba media hora para el cierre. Entramos a las 17,30, casi de noche. Durante la ocupación francesa en esa capilla acampaban soldados de Napoleón. Vimos los graffittis sobre los frescos bajos. Un horror; la guerra y la falta de cultura. Padova es una leccion de historia metro a metro.
23-1-97 Vittorio Veneto - Ceneda - Serravalle
VITTORIO VENETO, CENEDA, y SERRAVALLE. Las callecitas de Serravalle, palacio al lado de palacio. Ciudad medieval.
Almuerzo en REVINELAGO, frente a un lago alucinante.
CISON DE BALMARENO, con el convento salesiano del Castillo Brandolino. Subimos a la roca. Lloviznaba. El Castillo Brandolino es imponente. Sabe Dios su historia. Nos atendió un viejo curita que no sabía distinguir Brasil de Argentina. Giorgio se entendio con él en el idioma que los une.
La Abbazia Cistercense de SANTA MARÍA IN FOLLINA, del 1264. La recorrimos por dentro. Es muy loco estar en una abadía de hace 8 siglos. Ahí estabamos. Piedra y piedra. Cientos de obras de arte.
Y para volver al hoy: el ipermercado de Castelfranco (sin H). Compré una cafetera.
24-1-97 Verona
VERONA. Ese día nos fuimos a la romántica Verona de Romeo y Julietta. Solos y en il treno. Una ciudad que tiene gracia, belleza y armonía. Es también muy antigua, de la época romana, entre colinas. Otro festival de piazzas, museos, chiezzas, palacios y edificios monumentales. Es la ciudad de los enamorados.
Pasamos debajo de los portones para entrar a la famosa PIAZZA BRA y nos dedicamos a caminar “El Listone” y a tomar un café en la vereda, justo debajo de la última sombrilla, delante de la descomunal “ARENA” de Verona, un coliseo romano perfectamente conservado y utilizable. Entramos a La Arena y la caminamos bordeándola por arriba. Las tribunas son grandes bloques de piedra que están ahí desde hace 20 siglos. Imposible imaginar cómo lo construyeron. Es raro estar en La Arena. Nos sacamos fotos en el mismo lugar donde se ubicaban los Emperadores, solo que a nosotros no nos vivaba nadie. Entran 25.000 espectadores. Mas adelante -en el Coliseo de Roma- nos íbamos a volver a encontrar con algo así. También en Verona yo creía escuchar el griterío de la multitud cuando salían los leones.
Llegamos a PIAZZA ERBE, una de las más pintorescas de Italia. Son plazas muy pero muy antiguas, que han conservado el encanto del Renacimiento, que se han conservado. Rodeada de palacios y poblada de estatuas, comerciantes de feria, bares y algarabía, aún hoy se ven las paredes de las casas afrescadas.
Verona fue gobernada por la familia Della Scala desde 1260 a 1387. Colón todavía no había nacido. Esa gente, amos y señores de vidas y haciendas, guerreros, emparentados con unos cuántos pontífices, también se coparon con el arte y mandaron hacer maravillas, como por ejemplo sus propios mausoleos. Fue así que llegamos a las ARCAS SCALIGERAS, un conjunto de monumentos fúnebres que más de uno de La Recoleta quisiera tener. Ahí descansan en guerra y en paz Cansignorio, Mastino II, Cangrande I, y otros pipis. Obras de los mejores maestros de la piedra y el mármol de la Italia del siglo XIV. Virtuosos del tallado, Maestros.
Ese día gastamos las piedras de Verona. Nos recorrimos todo y terminamos para que nos juntaran con cucharita. Es muy común ver en las calles una entrada abovedada, un pasadizo, y un patio interior que se abre y que ofrece maravillas: fuentes de agua, estatuas romanas, recovas afrescadas, placas en la pared, tumbas, palacios, pavimentos medievales... eso ocurre en casi todas las ciudades de la vieja Europa.
Entramos al Patio del Mercado Viejo. Es un patio interno del Palazzo del Comune, de planta cuadrangular, con la maciza estructura románica aligerada por el típico revestimiento veronés bicolor con fajas de piedra y ladrillo. El pórtico de pilares con amplios arcos de la planta baja produce acusados contrastes de claroscuros. La bonita escalera gótica de dos rampas, llamada “de la razón”, fue construida en 1446. Ahí me saqué foto porque yo siempre tengo razón.
Otro patio interno: el del Palacio degli Scaligeri del siglo XIII, con un pozo de agua del Renacimiento y una galería con restos de frescos de Altichiero. Ahí bajamos a un museo que descubre fundamentos romanos justo debajo de ese patio. Eso de caminar sobre pavimento romano no es para uno cosa de todos los días. Para los italianos sí.
Otro patio: el del Capitán, el que tiene la Puerta Bombardiera... ya ni sé cuántas fotos saqué en Verona. Anduvimos por la racional y aristocrática Piazza dei Signori, nos metimos por una callecita y vimos otro pozo de agua con el oxidado andamiaje para levantar los cubos, todo ahí nomás, todo en un radio de 200 metros.
Paramos y nos tomamos un vino que nos había puesto mi hermana en la vianda: un riquísimo “verduso” trevisano y casero. Había que combatir el frío.
Antes habíamos pasado y entrado a la Chiessa de SAN FERMO MAGGIORE, construida en el lugar donde San Fermo y San Rústico hallaron el martirio, en el año 361. El abside de un estilizado gótico y el interior con techo “quilla de barco” nos dejaron atontados. Vimos un púlpito del siglo XIV que es imposible describir. Ahí están enterrados los De La Torre.
Y pasamos y también entramos a SANTA ANASTASIA, a sabiendas que no te podés perder una sola iglesia. Siglo XIII. Almorzamos en las escalinatas así que pudimos ver la fachada en detalle: arco ojival con dos puertas separadas por un pilar de columna entorchada, plena de bajorrelieves. El interior es muy sugestivo. Tres naves con doce altísimas columnas de mármol rojo. El pavimento es del año 1462. Lo hizo un tal Pietro Da Porlezza con taraceas blancas, azules, y rojas. Y las famosas pilas de agua bendita con los irónicos y sutiles “jorobados”. Fastuosamente barroca es la Capilla del Rosario, en la nave izquierda.
Fuimos al DUOMO, la Catedral de Verona, SANTA MARÍA MATRICOLARE, con los dos leones en la base, esculpidos por Nicoló. Me saqué una foto jocosa como para “aguantar” tánta cosa sagrada. Hice como que uno de los leones me comía la mano. En el pórtico el Maestro talló figuras de profetas y de animales raros -borgeanos-, héroes legendarios, figuras bíblicas, ... se talló todo. Adentro otra locura. Ahí nomás, a la izquierda, la capilla Nichesola, con “La Asunción” del Tizziano Vechelio. Adentrándose, la imaginación no encuentra su punto de basta. La tumba de Santa Agueda, los mármoles, los pisos sembrados de lápidas gastadas por millones de zapatos donde ya ni se aprecian las fechas... la locura de los renacentistas...
Bordeando el Río Adige y ya cayendo la tarde apuramos el paso. Queríamos ver la Chiessa de SAN ZENO. El cansancio ya era insoportable pero queríamos verlo todo, aunque no se pudiera. Casi llegando a Castelvecchio nos topamos con los ensayos del carnaval. Vimos pasar muchas comparsas, coloridas y musicales cada una y todas. La gente se arremolinaba para verlas. Una nota de colores y de vida que vino a compensar tanto incienso. Las comparsas también iban hacia San Zeno.
Pasamos por Castelvecchio. Es un castillo amurallado que hizo erigir Cangrande II a mediados del siglo XIV. Adentro tiene un importante museo pero no nos daba el tiempo. Pasamos por el Arco de los Gavi, del siglo I, con las piedras del piso surcadas y talladas por los carros de los siglos.
Entramos en San Zeno, rodeados por las mascaritas del carnaval. Mejor dicho, nos quedamos a contemplar brevemente el portón, todo lo que los empujones nos permitieron. Tiene 24 cuarterones de bronce, con escenas testamentarias, y está bastante destruído. Pero está. Es del siglo XII. Y luego entramos y eso era un lío. Caminábamos pidiendo permiso a los disfrazados. Yo no estaba acostumbrado a semejante despelote, pero igual me resultaba pintoresco. Habían entrado a San Zeno para que el cura bendijera el carnaval. La biblia y el calefón.
De SAN ZENO recuerdo solo 5 cosas: 2 gigantescas pilas de agua bendita de granito, de 5 metros de diámetro, de la época en que el bautismo era en serio. El techo de madera polilobulada. La estatua del Santo, muy venerada, de mármol rojo, sonriente. La nave interrumpida por la cripta, partida en dos. Y el claustro de la abadía andando ya de noche... buscando en la penumbra la tumba del Rey Pipino. No la pudimos encontrar... sniff.
Salimos a los piques. Tuvimos que andar más de 20 cuadras hasta llegar al tren. Otra vez los pies ya no se sentían. Y todavía faltaba llegar a Treviso. Paren Europa que me quiero bajar. Verona: una ciudad para vivir. Es bellísima.
25-1-97 Monselice - Montagnana - Este
Desde Paese y pasando por la Rotonda de Baldoere y muchos lugares más llegamos a MONSELICE, fortaleza Bizantina del siglo VI. Ciudad medieval, ciudad de locos, con mura y castillo, en el Colli Euganei. Recorrida a pata. Palazzo della Loggetta. Entramos al castillo, que es de fines del siglo VII, y lo anduvimos por dentro cuadras y cuadras. Il Duomo Vecchio, de estilo románico tardío y decoración gótica. Construido en 1256, sustituyendo la antigua Pieve di Santa Giustina. La entrada de los leones que se miran desafiantes (Porta dei Leoni). Y la hermosa vista desde lo alto de la roca, en la explanada de La Rotonda. Llegamos hasta el comienzo de la vía de Le Sette Chiese (las 7 iglesias), hasta la Porta Romana. Vimos a una señora salir a hacer las compras. La señora salía de Villa Nani: entrada imperial, grandes 2 puertas de rejas medievales, escalinatas bordeadas por estatuas, y al final, allá arriba, un templo ornamental. Todo dentro del castillo de MONSELICE. Esa señora es de clase media, como tu y como yo, salvando las distancias (casas más casas menos...). Vimos los grotescos enanitos de piedra (nani) arriba de la pared de piedra que bordea la calle de piedra que baja como un sueño hasta el pueblo. Hace muchos siglos que esos enanitos están ahí, unos 10 apenas. Adentro del castillo hay cosas dignas de ser vistas, desde palas de Jacopo Palma Il Giovane hasta montones de reliquias/cuerpos de los mártires cristianos, pero estaba cerrado (el pomeriggio...). Monselice: mons silicis: el monte de la sílice. Es la puerta natural que lleva de los Euganeos a la llanura Padana oriental. Tiene una historia impresionante. Basta parar la marcha y escuchar quietito... se empiezan a oir los cascos de los caballos de Ezzelino (1256)...
Luego a MONTAGNANA. Otra ciudad medieval, con la mura más enteramente conservada de toda Italia. Está casi completa. Es la que sale en la clásica estampilla de 1000 liras. También caminamos Montagnana, respirando el aire de los siglos y de la historia, imaginando cosas...Por la calle Guglielmo Marconi llegamos a la plaza antigua y nos quedamos viendo esa plaza. No había nadie. El reloj de la Catedral marcaba casi las 14 horas, en el lenguaje antiguo, sin segundero ni minutero. Siglo XV. Fue estación de correo romana y centro administrativo de la llanura Padana en épocas de Longobardos y Carolingios. Nos sacamos fotos en el Palacio de Los Pretores.
Y luego a ÉSTE. Otra antigua ciudad paleovéneta amurallada, del siglo XIV. -Perdon, Éste nació en el siglo IX a.c. Los pies ya no daban pero igual seguíamos. Entramos al castillo y caminamos por los jardines. Unos recién casados se sacaban fotos. Jaula de monos. Hermoso el lugar. Parada en el Café Borsa: le saqué una foto al baño. Fue el día de los 3 castillos.
26-1-97 Firenze
Ya el regreso. Nos despedimos de Paese y del Véneto y fuimos en tren a FIRENZE, para quedarnos ahí 3 días. Es la capital del arte de occidente y merece 3 semanas, aunque solo había 3 días.
Pasamos por varios lugares que ya no recuerdo; solo uno: Orvietto, donde están los frescos de Luca Signorelli que impactaron a Freud.
Llegamos a Firenze y salió Susana a buscar alojamiento. Un hotel 1 estrella en Vía Faenza N 7, a 300 metros de la terminal de trenes. Era una calle estrecha, lógicamente empedrada, a 20 metros de una esquina. Pagamos 100.000 liras por día, unos US 70. Pequeña entrada y arriba una losa de mármol... “Acá vivió Bernardo Ceninni, artesano nuestro... etc.” ... fecha de la edad media, como corresponde a Firenze. Yo estaba orgulloso de parar en tan excelso lugar. Luego me desmoralicé, porque en Firenze está plagado de placas donde vivieron todos los más famosos artistas del Renacimiento. Y cuando digo “todos”, es porque son TODOS. Luego me encontré en alguna iglesia esculturas de Cennini.
Salimos urgente a caminar la ciudad. 20 metros y la esquina. En la esquina una muy antigua y chiquita plaza y mirando a izquierda un edificio imponente a otros 20 metros: la BASILICA DE SAN LORENZO, que fue la iglesia de Los Médicis, de ladrillos, donde lo velaron al Buonarotti la noche del 14/7/1564. La placita está en la parte de atrás de la Basílica. Ahí, una entrada con un frontispicio donde se leía “Capellas Mediceas”. Estaba cerrado y seguimos.
Bordeamos la mole de San Lorenzo y entramos. OH !, el mismo OH ! que nos arrancaron las más de 100 iglesias de Italia, Suiza, París y España, las pocas que visitamos. Lo que siempre digo: dos pasos para adelante y uno para atrás. Hay una sola palabra para decir lo que uno recibe cuando entra y ve: ES APABULLANTE. Se siente que la iglesia se te viene encima, te atropella y te aplasta. Es colosal el trabajo en arquitectura, en grandiosidad, en madera, en mármol, en locura y santidad. No hay nada en Argentina que se parezca a eso. Seas o no creyente, y por obvios y distintos motivos, el espectáculo te subyuga y apasiona. Eso en general, en cuanto a entrar y recibir el impacto. Luego, en particular, recorriendo las naves, bajando a la cripta, viendo los techos, las cientos de sepulturas en paredes y pisos, los trabajos en mármol, en madera, en taracea de la que pidas, en pinturas, frescos, piedras preciosas, en la mano de obra de los más grandes artistas del planeta, en lo que no se puede imaginar si no se lo ve... todo todo todo es impactante. Me animaría a decir que el que va a Europa y no entra en las iglesias, no ve nada. Son iglesias pero además son museos gratuitos. En cualquiera de ellas uno se encuentra con originales de todos los pintores y escultores del Renacimiento, y de antes, y del siglo que pidas.
Vuelvo. En San Lorenzo entramos, y vimos los dos púlpitos del Donatello, tallados en bronce cuando no existía la electricidad ni el taladro ni nada. Y vimos ese inolvidable techo dorado. Y la Sacristía Vieja, primer obra de Brunelleschi, del 1400 y pico. San Lorenzo fue levantada en el año 393 (repito: 393) y reconstruida con esquemas románicos en 1060. La actual estructura es de 1423 y es obra de Brunelleschi.
Salimos, seguimos bordeando la Basílica por el Borgo San Lorenzo, y llegamos a otra esquina. Yo miré para la izquierda y casi me desmayo. Ante mi vista: EL DUOMO DE FIRENZE. No hay palabras para explicar lo que vi. Era otra mole de mármol blanco y verde suave que medía como 1000 metros de altura y que se me venía encima. Un monstruo, otra locura. Nos acercamos despacito, con la boca cerrada, tratando de dejar atrás (a 100 metros atrás) San Lorenzo, y “masticar” esa nueva maravilla.
Estábamos abajo, frente a la entrada. Los florentinos iban y venían alegremente, y los cientos de turistas orientales no paraban de sacar fotos y filmar. Frente al Duomo está el Baptisterio. No sabíamos si mirar el Baptisterio o el Duomo. Entre ambos unos 30 metros. Nosotros en el medio. Miramos el BAPTISTERIO... OH !
Ahí estaban las puertas del Maestro Ghiberti, esas talladas en bronce de las que Buonarotti dijo: “Si La Gloria tiene puertas, éstas son Las Puertas de La Gloria”. Nos sacamos fotos frente a LAS PUERTAS DE LA GLORIA, al alcance de la mano. Después miramos a nuestras espaldas y nos animamos a entrar al Duomo. La Catedral de Firenze, SANTA MARÍA DE LA FLOR.
Tardaron pocos 81 años en levantarla, de 1294 a 1375. Los maestros de obra: Il Giotto, Andrea Pisano, Francesco Talenti, ... aprendices... La grandiosa cúpula es obra de Brunelleschi, que la proyectó y construyó entre 1420 y 1434. El interior de la cúpula fue pintado por Giorgio Vasari y Federico Zuccari, en el 1570 y pico: tiene 91 metros de altura y 45 de diámetro. Es una obra maestra de ingeniería. Estar ahí, levantar la cabeza y mirar, es terrible. No se puede entender cómo alguien hizo esa maravilla. Se te queda el cuello duro de mirar esa locura y esa belleza.
El campanile de SANTA MARÍA IN FIORE es obra de Il Giotto. Tiene planta cuadrada, 14 metros de lado y 84 de altura, totalmente decorado, lo mismo que la fachada de la Catedral. La fachada está revestida en mármol blanco de Carrara, verde de Prato, y rosa de Marisma.
Éste es el edificio que se nos venía encima. Y entramos. Es la 4* iglesia del mundo. Tiene 153 metros de largo, 38 de ancho, y 90 en el transepto. (Atención: 153 por 90...!) Es una locura del Renacimiento italiano. Aquí también trabajaron los mejores artistas de los siglos XIV y XV. Los mejores.
Salimos y seguimos caminando Firenze, ya con el K.O. encima. Fuimos a la PIAZZA DEI SIGNORI, una de las plazas más bellas de Italia, a 200 o 300 metros del Duomo. Otra vez la locura y el imposible. Para donde miráramos era impresionante. El Palacio Vecchio; la estatua de Cosme I, obra de Juan De Bologna (1594); la Fuente de Neptuno, de Bartolomeo Ammannati, siglo XVI; los palacios que bordean la plaza; el Pórtico de Los Lansquenetes, de arquitectura gótica tardía, animado por una serie de imponentes esculturas: el Perseo de Benvenuto Cellini, el Rapto de Las Sabinas de Juan de Bologna, y unas 10 más, a cual más espectacular. Todo alrededor de una sola plaza, en Firenze. Ese Perseo nos impactó; solo mirar el pedestal y no la estatua. Con eso basta.
Pero seguíamos mirando, como locos. Y vimos frente al Palacio Vecchio la copia del David, en el lugar donde estaba, antes que el petróleo hiciera lo que hizo. Y te lo querés comer. Ahí estaba, frente a la entrada del Palacio Vecchio, tranquilo y a salvo de la contaminación. Afortunadamente luego pudimos ver el original en la Galería de La Academia. La copia es de piedra, el Buonarotti es de mármol de Carrara. Pero casi que no te das cuenta. Hacía apenas 5 horas que habíamos arribado a Firenze, y ya era mucho más de lo que se puede soportar.
Esa noche la hicimos bien profana: comimos una pizza en “Nutti”, en el Borgo San Lorenzo, al costado de la Basílica, charlando sobre el Buonarotti... no había manera de sacarnos los siglos y la maravilla de encima. Regresamos al hotel, más cansados que una mula.
27-1-97 Firenze
Arrancamos a caminar Firenze. Teníamos muchas cosas para ver. El impacto del día anterior no estaba ni ahí amortizado. Hicimos los 20 metros hasta la esquina y los otros 20 a la izquierda, y entramos en la Capilla de Los Médicis... OH ! -No hay manera de contar ni de medir eso. Era la capilla privada de los Señores, de los Reyes del Renacimiento en Firenze.
Y estuvimos en la Capilla de los Príncipes. Planta octogonal totalmente revestida en piedras duras y mármoles, bien barroca, y con grandes y majestuosos 6 sarcófagos de los Señores Médicis a los costados. La cúpula era hermosa, los pisos lo mismo. Las paredes igual. Daba pena pisar esos mármoles. Daba gusto ver esas taraceas (incrustaciones) de mármol sobre mármol, de todos los colores y formas imaginables. El espectáculo era brutal. Me arrimé a las paredes a tocar esa sinfonía de mármoles de todos los colores, ese gran esfuerzo de siglos.
Luego a la Sacristía Nueva, obra de Miguel Angel. Pude tener delante de la vista la famosa escultura de Lorenzo, Duque de Urbino, que animaba mis libros de la primaria. Había dos imponentes grupos escultóricos hechos por El Maestro: La Noche y El Día, y El Crepúsculo y La Aurora. Un cuidador nos hablaba entusiasmado de la bizarría de Buonarotti. Bastó preguntarle algo y se largó a discursear, como loco. Al final se iba de espaldas a nosotros y seguía hablando... la bizarría del artista... un cuidador y un enamorado del Maestro.
Buscamos la calle necesitando aire. Pasamos frente al Duomo y seguimos a la Plaza de Los Señores. Queríamos entrar al PALACIO VECCHIO, el edificio en que Cosme I Médicis fue a habitar a los 18 años. En la fachada resaltan los frescos con los 9 duplicados blasones comunales de la ciudad. Está revestido con almohadillado rústico de piedra, que le da un aspecto austero y sugestivo. Tiene un solo balcón medieval desde el cual seguramente Cosme arengaría súbditos y tropa. Estábamos en el siglo XIII. El reloj de la única torre marcaba la hora de finales del siglo XX.
Adentro todo comienza con un pequeño patio que tiene en el medio una fuente. Es el Patio de Michelozzo. Sobre la fuente el Amorcillo Alado, del Verrocchio. Si la palabra “grácil” tiene algún sentido, indudablemente le ha sido dado por esa pequeña talla en bronce del Verrocchio. Alrededor del patio hay recovas ricamente pintadas, con columnas totalmente esculpidas.
Hay que subir varias escaleras principescas hasta llegar al Salón de Los Quinientos. Otra vez dos pasos adelante y uno atrás. Otra vez el OH! -Estábamos dentro de un gigantesco y asimétrico salón, total y absolutamente decorado, bordeado por esculturas. Era y es magnífico, de reyes. Entre las estatuas: El Genio de La Victoria, del Buonarotti. Las pinturas son monumentales. Narran las victorias del Gran Duque, las posesiones del Ducado Mediceo, y las conquistas de Pisa y Siena. El techo... OH! ese techo artesonado... loco, te querés matar cuando ves eso. Si vas a Firenze andá a verlo. Las pinturas de las que hablo son de un tamaño impresionante, a todo espacio.
Había que continuar. Nos asomamos a ver el gabinete de estudio de Francisco I: es para pegar un grito. Pero seguía la sucesión de salones, en loca y muda competencia del mejor arte, el buen gusto y la fastuosidad. La Sala de las Audiencias, los Aposentos de Leonor de Toledo (obra de Vasari), la Sala de los Lirios, la de los Planos... era de nunca acabar. Salíamos de uno y pasábamos a otro, atontados, desconcertados. Algo similar nos volvería a pasar en El Vaticano. Y algo similar ya nos había pasado en el Castello di Miramare de Trieste, y en el Palacio Ducale de Venezia. La memoria es frágil y siempre nos parecía que lo último visto era lo mejor.
Salimos del Palacio Vecchio buscando el hoy y el sol de la hermosa Plaza de Los Señores. Las Capillas Mediceas y el Palacio Vecchio nos habían dejado fuera de combate. Algo comimos por ahí. Después llegaron Susana y Giorgio a Firenze.
A la tarde volvimos a caminar la ciudad rumbo a Santa Croce. Pasamos por la milenaria placita del mercado y le tocamos el morro al jabalí de la fortuna. Como ya habíamos estado en el balcón de Verona, tuvimos la clara percepción de haber quedado protegidos contra todos los infortunios del dinero y el amor.
Cada iglesia, como cada pueblo y cada lugar de Europa, reserva una sorpresa al visitante. Siempre hay algo que te impacta y te arranca el OH ! -La BASÍLICA DE LA SANTA CRUZ, mas conocida por SANTA CROCE, también tiene sorpresa. Y más de una. La plaza que tiene enfrente es un puro y hermoso rincón florentino, con look de muy viejo. La fachada, monumental. Y el interior, fastuoso. Tiene 3 naves jalonadas por ágiles pilares octogonales y arcadas ojivales de doble cornisa. El piso está recubierto de antiguas losas sepulcrales hasta el final de la nave. En las numerosas capillas laterales hay obras de Agnolo Gaddi, Gerini, gente de la escuela del Giotto, Ghiberti, y muchos mas.
En SANTA CROCE, hay que entrar, ver la inmensidad, y girar la vista a derecha. Ahí hay algo. Luego hay que ver lo que sigue, lo que sigue, y lo que sigue. Son 4. Luego hay que volver al primero y ver lo que hay enfrente, en la otra nave. Seguí las indicaciones de mi hermana, entré, y miré a la derecha. Había un monumento fúnebre y me acerqué. Cuando leí quién estaba ahí pegué un grito y salté para atrás. Era la tumba del MICHELANGELO, tallada en fino mármol por Vasari en el siglo XVI. La tumba del escultor y pintor más grande de todos los tiempos, el Gran Maestro, el que a los 26 años talló La Piedad que luego veríamos en El Vaticano, el autor del Moisés y el David. Como no podía estar ahí petrificado 1 hora, me corrí hasta lo que sigue. Otro grito: la tumba del DANTE. Me quedé clavado. No podía ser que Buonarotti y Alighieri fueran compañeros de banco, en la grandiosidad de esa basílica. No me podía acostumbrar a la idea. Y fui a lo que sigue: la de ALFIERI, el poeta dramático más grande de Italia, tallada por Cánova, el mayor escultor de la corte de Bonaparte. Y a lo que sigue: la tumba de MAQUIAVELO. Tenía los despojos de 4 grandes de la humanidad delante mío. Era todo un gigantesco y extraño sueño. Volvimos de una a otra y me acordé que había que cruzar la nave. Estaba atontado. Frente a la tumba de Miguel Ángel descansan los restos de GALILEO GALILEI. Tengo 1,80 mts. de estatura. En Santa Croce me sentí de 20 cmts. -No es para petisos.
Tenía ganas de salir a tomar aire y salimos. No volvimos a entrar a Santa Croce. Era demasiado. Cruzamos la plaza y caminamos un rato. Hacía frío y nos venía bien. Caminando por ahí, a unos 150 metros de la iglesia anterior, un callejón y una placa de mármol: la casa donde vivió Miguel Ángel. La vimos de casualidad. Desde esa casa hasta Santa Croce hay menos de 200 metros. Es una callecita de Firenze que quedó (como casi todas) tal como era en los 1500. Por ese empedrado caminaba el más grande. Por ahí caminamos. Tán petiso soy !
Desandamos las callecitas y buscamos SANTA MARÍA NOVELLA, Basílica del siglo XIII, obra de Jacopo Talenti. Antes habíamos pasado por la casa del Dante. A un costado de la bella plaza que le da marco y vista, una casa con un balcón: desde ese balcón Giuseppe Garibaldi había arengado a los italianos con el famoso... “Roma o morte”. La fachada de la Basílica está ritmada por paneles con incrustaciones de mármol blanco y verde, y delimitada por los blasones de la familia Rucellai. Dos grandes volutas invertidas enlazan las masas laterales con la central, divididas por cuatro pilastras ornamentales y rematadas por un tímpano triangular. Un viejo en la puerta pedía limosna. Adentro hay numerosas obras de los siglos XIV al XVI, de Rossellino, Tino di Camaino, Ghiberti, Vasari, Benedetto da Maiano, Juan de Bolonia, Ghirlandaio... la lista es interminable... el célebre crucifijo de Brunelleschi, los frescos de Paolo Uccello... otra vez la desesperación por querer verlo todo. Imposible.
Finalmente volvimos a pisar las callecitas buscando nada más que el hotel. Así fue ese alucinante 27 de enero en la Firenze de Los Médicis.
